viernes, 8 de enero de 2016

TRES ESTRATEGIAS PARA EDUCAR A LOS ADOLESCENTES (cap 12)

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                             Capítulo 12
TRES ESTRATEGIAS PARA EDUCAR A LOS ADOLESCENTES


Necesitamos dos cosas en cada etapa de la educación de nuestros hijos: Metas y estrategias bíblicas.
A lo largo de los últimos capítulos hemos descrito cinco metas fundamentales en la educación de nuestros adolescentes. Y en este último capítulo, hablaremos de las estrategias para alcanzar dichas metas. Hablaremos de tres estrategias que nos ayudarán a formar adolescentes piadosos, que puedan ser luz y sal en este mundo.
Debemos tener presente que todo lo que vemos en nuestros adolescentes, se aplica también a nosotros. Nuestros hijos tienen presiones, oportunidades, tentaciones diferentes a las nuestras, pero las afrontan de manera similar a como nosotros las enfrentamos. Al igual que nosotros, no son productos terminados.
Al considerar y aplicar estas estrategias debemos ser humildes e identificarnos con las luchas de nuestros hijos, reconocer que Dios aún está trabajando en nuestras vidas y estar dispuestos a ofrecerles la misma gracia que Dios nos ha dado a nosotros.


ESTRATEGIA # 1
TENER UN PROYECTO EN LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS

Podemos estar cometiendo el error de estar educando a nuestros hijos sin tener un proyecto que nos guíe en nuestro caminar con ellos.
Tener un proyecto significa que estemos enfocados, que tengamos un propósito y que diariamente nos dirijamos hacia ellos orientados por una meta. Cuando tenemos un proyecto para nuestros hijos, sabemos lo que buscamos y por qué lo buscamos. Sabremos en qué debemos trabajar y cómo hacerlo. “Proyectar la educación significa estar enfocados, tener propósito, estar orientado hacia una meta en nuestros encuentros diarios con nuestros adolescentes y enfatizar ciertos temas. Implica que hayamos discutido cómo buscar estos asuntos con nuestros hijos. Significa que seremos padres con espontaneidad preparada; llegaremos a esos momentos inesperados y espontáneos de la paternidad estando preparados y teniendo un propósito” Paul David Tripp.
Debemos preguntarnos cuál es la debilidad de nuestros hijos, en qué áreas son susceptibles a la tentación, cuáles son sus luchas, rebeldías y resistencias. Debemos examinarlos, orar por ellos y considerar en qué debemos enfocarnos para ayudarlos. Dios nos dará todos los días una oportunidad para ocuparnos de cada situación de nuestros hijos. Descubriremos lo que es importante en cada momento de sus vidas.



  
UN MODELO BÍBLICO
“La transgresión habla al impío dentro de su corazón; no hay temor de Dios delante de sus ojos. Por eso se lisonjea en sus propios ojos, hasta que su iniquidad sea aborrecimiento. Las palabras de su boca son maldad y engaño; ha dejado de ser sensato y de hacer el bien. Sobre su cama piensa iniquidad; está en un camino que no es bueno y no desprecia el mal” Salmo 36: 1-4.
David nos describe la transgresión del impío y nos da una ayuda para entender las luchas de nuestros hijos y lo que Dios nos manda a hacer.
David nos muestra dos deficiencias en el corazón impío. Estas deficiencias pueden estar en el corazón de nuestros hijos y en el nuestro también.
Nos dice que no hay temor de Dios delante de sus ojos. El corazón impío no tiene consciencia de la existencia y gloria de Dios y no vive una vida sometida a Él. “Temer a Dios significa que mi vida está estructurada por un sentido de asombro, adoración y obediencia que fluye del reconocimiento de él y su gloria. Él se vuelve el único punto de referencia más importante de todo lo que deseo, pienso, hago y digo. Dios es mi motivo y Dios es mi meta. El temor de Dios debe ser la fuerza central que organice mi vida” Paul David Tripp.
Tristemente, la mayoría de los adolescentes no viven pensando en el temor a Dios. Tienden a estar dominados por lo que creen que necesitan (desean ser aceptados), por sus temores (temen ser rechazados), su identidad (¿soy feo o atractivo?). Dios no es ni la razón, ni la meta de nuestros adolescentes. Dios no existe en el mundo que nuestros hijos viven a diario.
David nos señala otra deficiencia, dice que se lisonjea en sus propios ojos. Esto también les ocurre a los adolescentes, que no tienen una perspectiva adecuada sobre sí mismos. Creen que saben más, que son más maduros, más fuertes, más sabios, de lo que en realidad son. Creen que ya no necesitan de la orientación de sus padres. Cuando se miran a sí mismos, no lo hacen frente al espejo de la Palabra de Dios, sino frente al espejo de sus coetáneos, su propia opinión y de su cultura. No se ven en forma clara y precisa. Por lo general tienen un auto concepto más alto, de lo que en realidad es. (Ver Romanos 12:13).
Debemos tener siempre presentes estas dos deficiencias que tienen nuestros adolescentes. Nuestro anhelo es ver a nuestros hijos crecer en su consciencia acerca de Dios y en su sumisión a Él y en un apropiado concepto sobre sí mismos. Debemos aprovechar cada oportunidad dada por Dios, para trabajar en estas deficiencias en nuestros hijos y en nosotros también.
El Salmo 36 nos muestra una dirección y un propósito. Este Salmo también nos ayuda a visualizar un proyecto en cada uno de nuestros hijos.
Veamos cómo este Salmo nos ayuda a construir un proyecto con nuestros hijos:
LA META
En este Salmo David resume cuál es la meta que Dios tiene para nuestros hijos y para nosotros mismos. Pese a que lo plantea en forma negativa, claramente nos hace ver cuál es la meta suprema de Dios. Y nos hace entender que nuestra meta debe ser ayudar a nuestros hijos para que sean sabios y hagan el bien.
Debemos saber que una persona sabia es aquella que teme al Señor y que su vida gira alrededor de la existencia de Dios y Su voluntad. Viven para agradar al Señor y respetar Sus mandamientos y principios. Los que hacen el bien, prestan atención a los límites establecidos por Dios, sin tratar de quebrantarlos. Tratan de aplicar esa sabiduría en sus circunstancias, decisiones y relaciones. Nuestra meta y la de nuestros hijos es vivir una vida piadosa en forma práctica y funcional.

LA SITUACIÓN
Dios ha puesto a nuestros hijos en una situación y contexto particular, que es diferente para cada uno de ellos.
“Necesitamos conocer lo que Dios ha puesto en la situación de mi adolescente para que podamos enseñarle a vivir con los ojos abiertos a las presiones, oportunidades, responsabilidades y tentaciones particulares que enfrenta” Paul David Tripp.
Debemos preguntarnos, ¿Con qué relaciones les toca lidiar?, ¿Quiénes están influyendo en ellos?, ¿Cuáles son los valores que predominan en su mundo?, ¿En qué lugares se llevan a cabo sus luchas?, ¿Con qué autoridades se tiene que relacionar?, etc. Hacernos estas preguntas, nos ayudará a entender cuál es la situación de nuestros hijos. Nuestros adolescentes necesitan tener metas claras y entender cuál es su situación.

LA PREPARACIÓN
Para estar preparados necesitan afrontar las situaciones teniendo un concepto claro sobre sí mismos y entender bien sus luchas internas. La falta de este entendimiento personal, hará que no tengan dominio propio. “El dominio propio es un sistema interno de restricción del corazón, es la consciencia respondiendo al conocimiento de uno mismo y al conocimiento del bien que Dios nos ha dado. Es el corazón respondiendo al ministerio del Espíritu Santo para hacernos humildes y obedientes” Paul David Tripp.
David en el Salmo 36 nos señala dos cosas fundamentales del entendimiento personal.
En primer lugar, nuestros hijos deben tener consciencia de sus pecados. Sabemos que es algo que les cuesta, al igual que a nosotros. Necesitamos preguntarnos: ¿Qué no está viendo mi hijo sobre sí mismo y que Dios desea que él vea?, ¿Qué pecados, faltas, debilidades, ídolos, deseos, valores, pensamientos y motivos no está viendo y necesita ver? ¿Cómo puedo ayudarlo a ver estos problemas, en las situaciones cotidianas?
En segundo lugar, nuestros hijos deben llegar a repudiar su pecado. Satanás siempre tiende la trampa de querer que veamos que nuestro pecado no es algo tan malo y nuestros adolescentes son muy susceptibles de caer en su trampa. Nuestros hijos siempre verán su pecado como algo menor a lo que en realidad es. Difícilmente verán que su pecado es una rebelión contra Dios, que es peligroso y destructivo, que los lleva a la muerte. Por el contrario, muchas veces verán el pecado como algo atractivo. Esto también sucede con nosotros.
Si nuestros hijos no logran odiar su pecado, difícilmente se alejarán de él. Nuestro trabajo consiste en ayudarlos día a día a ver su pecado desde la perspectiva de Dios. Nuestra oración y meta es que nuestros hijos repudien su pecado y se refugien en Cristo diciendo, “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!” Romanos 7:24-25.
En el entendimiento bíblico personal siempre debe estar la identificación del pecado y el odio al pecado. Cuando nuestros adolescentes logren tener este entendimiento personal, serán conscientes de sus debilidades y reconocerán cuáles son sus luchas con el pecado. Podrán detectar la tentación. Vivirán alertas y en vez de caer en pecado, podrán responder con dominio propio, y con la ayuda de Dios vivir de manera sabia y hacer el bien.
Deseamos que nuestros hijos vivan con la idea que están en guerra y no en paz. No olvidemos que existe una guerra espiritual que se libra todos los días en su corazón. Deben estar preparados para esa guerra, a fin de que puedan cumplir el llamamiento de Dios.
“Recapitulando, aquí están las tres metas de educar con un proyecto. Nuestras metas son para enfocar todos nuestros esfuerzos de educación en ser usados por Dios (1) para producir adolescentes que sean sabios y hagan el bien; (2) para ayudarlos a mantener un conocimiento adecuado acerca de sus situación presente; y (3) para prepararlos a buscar la vida piadosa ayudándolos a detectar y odiar su propio pecado” Paul David Tripp. Recordemos hacerlo con humildad y siendo conscientes que estas también deben ser metas para nosotros. Reconociendo nuestros pecados y nuestra gran necesidad de Cristo.





ESTRATEGIA #2
CONVERSACIÓN CONSTANTE
Debemos buscar diariamente la oportunidad de tener una conversación con cada uno de nuestros hijos. Estos momentos deben estar llenos de amor y de ánimo. Debemos lograr que estas conversaciones con nuestros adolescentes, se vuelvan un hábito de gran valor para nuestros hijos y para nosotros los padres.
“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” Hebreos 3: 12-13. Este pasaje nos exhorta y anima a tener una conversación constante con nuestros hijos. En este verso se nos habla de un alejamiento del corazón.
Muchos adolescentes de hogares cristianos y que son miembros activos de una iglesia, tienen un corazón apartado de Dios. Al ir a la universidad se alejan de su fe como fruto del alejamiento de Dios que hubo en su corazón tiempo atrás.
Este pasaje nos dice que el alejamiento del corazón se da de cuatro maneras:
1.      UN CORAZÓN MALO. Este corazón ya no quiere agradar a Dios y no quiere someterse a Su Palabra.
2.      UN CORAZÓN INCRÉDULO. Se ha perdido la fe, la seguridad, el amor y la confianza en el Señor y en Su Palabra.
3.      UN CORAZÓN APARTADO DE DIOS. No solo quebranta la ley moral, sino que ha abandonado la comunión y el compañerismo con Dios.
4.      UN CORAZÓN ENDURECIDO. Se le ha cauterizado la consciencia, y es insensible a la voz del Espíritu Santo. A este corazón ya no le molesta, lo que en otro tiempo le provocaba preocupación y culpa.
Nuestro deseo como padres es evitar que nuestros hijos caigan. Anhelamos poder protegerlos de la rebeldía, la incredulidad, el rechazo del Señor y el endurecimiento de su corazón. Para lograrlo, este pasaje de Hebreos nos dice que necesitamos conversar constantemente con ellos, necesitamos animarlos todos los días. Nuestros hijos, al igual que nosotros, necesitamos estar en contacto y tener ayuda diaria. Necesitamos ser animados y exhortados diariamente. Necesitamos conversar constantemente con nuestros hijos.
El pasaje nos dice que es necesario hacer esto a diario, por el engaño del pecado. Nuestros hijos con facilidad verán el pecado de los demás, pero les costará ver su propio pecado y se sorprenderán cuando se los hagamos ver.
Se trata de una ceguera espiritual. Siempre que queden residuos de pecado en nuestro interior, habrá ceguera espiritual. Esta ceguera es resultado de la caída. Las personas que están ciegas espiritualmente, no saben que lo están. Ellos piensan que ven bien. Debido a esto, frecuentemente nuestros adolescentes se pueden sentir acusados y señalados falsamente, poniéndose a la defensiva cuando se les dice sus fallas.
Es importante que entendamos que este pasaje nos anima a tener un contacto constante, no por el hecho de haberlos encontrado en pecado y querer confrontarlos. Este pasaje no va dirigido a la confrontación y a la restauración, sino que a la prevención. Nos motiva a comunicarnos en forma constante con nuestros adolescentes, porque si tienen pecados internos, también tendrán una ceguera espiritual. Esta ceguera hará que nuestros hijos no busquen ayuda, porque creen no necesitarla. Necesitamos comprometernos a tener este modelo de conversación constante preventivo en nuestros hogares. Todos los días debemos hablar con nuestros hijos y hacer que ellos también lo hagan. También debemos enfrentar nuestra propia ceguera espiritual y saber que a través de estas conversaciones, Dios obrará para abrir los ojos de nuestros adolescentes y los nuestros también.
“La ceguera espiritual tiende a distorsionar la perspectiva de nosotros mismos, de Dios, de otros, del pasado, del presente y futuro, y de dónde y cómo se necesita que ocurra el cambio. Si estas cosas son vistas con distorsión o no son vistas para nada, no hay oportunidad de que el adolescente responda a los asuntos de su vida de una manera bíblica y que honre a Dios” Paul David Tripp.
Este modelo de conversación diaria, significa que debemos estar dispuestos a buscar a nuestros hijos. A no vivir distanciados. Debemos estar siempre, aún y cuando nos sintamos incómodos, rechazados, no queridos.
Debemos comprometernos con la prevención. No podemos conformarnos con el silencio de nuestros hijos. Debemos hacer buenas preguntas, en las que revelen el corazón al responder (sus pensamientos, metas, propósitos, deseos, temores, valores). Siempre les debemos presentar el Evangelio en estas conversaciones. Jesucristo es nuestro redentor. Él conquistó el pecado y la muerte. ¡Tenemos esperanza! Él es nuestro ayudador.
Si tenemos esperanza en el Evangelio, buscaremos a nuestros adolescentes constantemente, mientras estén en nuestro hogar. No podemos esperar hasta que vengan a buscar nuestra ayuda. Con esta esperanza en nuestro corazón, vamos a hacerles preguntas, los vamos a escuchar, les vamos a suplicar y a animar, los vamos a amonestar y a advertir, los vamos a instruir y vamos a orar por ellos. “Despertaremos cada día con un sentido de misión, sabiendo que Dios nos ha dado un llamamiento supremo. Somos muros de protección que Dios ha colocado amorosamente alrededor de nuestros adolescentes. Somos ojos que Dios les ha dado para que vean. Por lo tanto, conversamos, conversamos y conversamos” Paul David Tripp.



                                                                              ESTRATEGIA # 3
LLEVAR A TU ADOLESCENTE AL ARREPENTIMIENTO
Casi todos los padres desean tener control sobre sus hijos y precisamente esta pérdida de control es lo que lamentan cuando los hijos entran a la adolescencia. Erróneamente entran en una guerra de poder y control con sus adolescentes. Lo hacen al usar palabras fuertes, castigos, la vergüenza y la culpa como medios para controlar el pensamiento y las acciones de sus hijos. Esta guerra de poder y control se vuelve progresiva y se convierte en un círculo vicioso. Puesto que entre más los persiguen, más se esconden; entre más los castigan, más quieren violar los límites establecidos; entre más le dicen lo que quieren, más hará lo contrario. Cada uno (padres e hijos) pretenderán romper la resolución del otro. Su manera de vivir se va volviendo tensa, debilitante y destructiva, donde el enojo y el resentimiento crecen y el único cambio que surge es para empeorar la situación.
Sin lugar a dudas, este no es el plan que Dios tiene para preparar a nuestros hijos para una vida productiva y que de gloria a Él. No debemos desear tener a nuestros hijos bajo control, sino ser usados por el Señor para que ellos se sometan a Él con gozo. No debemos vernos como agentes de control, sino como embajadores de reconciliación. “Nuestro deseo debe ser guiar a nuestros hijos hacia el Señor con corazones arrepentidos” Paul David Tripp.
Pablo nos lo explica en 2 Corintios 5: 17-21
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
A los padres, Dios nos ha reconciliado consigo mismo, para que nosotros podamos ser Sus embajadores de reconciliación. Dios hace un llamamiento personal a nuestros hijos, a través de nosotros. Debemos dirigirlos hacia el Señor con palabras de confesión, con un compromiso de arrepentimiento y con una esperanza en la obra redentora de Cristo en la cruz. No se trata de dirigirlos al Señor una vez, sino siempre, para que reciban Su perdón y ayuda.
A continuación se describen cuatro pasos para el proceso de arrepentimiento y reconciliación, donde podemos ver nuestro trabajo como embajadores de Dios:
1.     LA CONSIDERACIÓN
Al ser agentes de Dios, necesitamos hacernos siempre esta pregunta: ¿Qué quiere Dios que mi hijo vea sobre sí mismo y que no lo está viendo? ¿Cómo lo puedo ayudar a ver estas cosas? Esto está relacionado con la ceguera espiritual de la que hablamos antes. No debemos cometer el error de señalar lo que está mal y los resultados que tendrán de su mala conducta sin hacerlos partícipes de su situación. Esto hace que nuestros hijos estén pasivos y a la defensiva. Al hacer nosotros, los padres, las consideraciones y conclusiones, no permitimos que se abran los ojos de nuestros hijos. Y este tipo de encuentro no produce un cambio en sus corazones.
 Lo que debemos hacer es establecer una conversación con nuestros adolescentes y ayudarlos a que consideren las cosas que por sí mismos no estaban considerando.
Un buen ejemplo de cómo debemos abordar a nuestros hijos, es cómo Natán confrontó a David por su pecado (adulterio y asesinato). ¡Natán no abordó abruptamente a David y le dijo que era un adultero y un asesino! Todo lo contrario, Natán le contó una historia similar a David, para que él se viera identificado. Natán tenía el propósito que David considerara lo que había hecho, tocar su consciencia y que David abriera sus ojos.
Para ayudar a que nuestros adolescentes vean cosas acerca de sí mismos, debemos enfocarnos en situaciones concretas y hacer estas preguntas nos será de mucha ayuda:
1.      ¿QUÉ ESTABA PASANDO? Que nos hable sobre la situación
2.      ¿QUÉ ESTABAS PENSANDO Y SINTIENDO? Para hacer que nos dé respuestas de su corazón sobre la situación que estamos discutiendo.
3.      ¿QUÉ HICISTE? Que nos diga que cosas hizo.
4.      ¿POR QUÉ LO HICISTE? Qué motivos, deseos y metas tenía para hacer lo que hizo.
5.      ¿CUÁL FUE EL RESULTADO? Qué provocó lo que hizo.
Estas preguntas ayudan a que nuestros hijos no se enfoquen en los demás, ni en las circunstancias, sino en ellos mismos. Les ayuda a considerar lo que Dios quiere que vean.

2.     LA CONFESIÓN
Muchas veces cometemos el error de hacer las confesiones que les corresponde hacer a nuestros hijos. Les decimos lo que han hecho y por qué lo han hecho. Al hacerlo, no los estamos llevando hacia la confesión. Al no permitirles abrir sus ojos, en su ceguera espiritual piensan que somos nosotros los equivocados y no ellos. Sienten que los acusamos falsamente, se molestan con nosotros, en vez de estar arrepentidos por su pecado. En vez de quitar su ceguera espiritual, la promovemos. En vez de hacer que su consciencia sea más sensible, la volvemos más dura.
Es necesario que reconozcamos que nuestra propia ceguera espiritual, las evaluaciones que hacemos y las actitudes que tomamos con ellos, pueden estar equivocadas. Debemos estar dispuestos a que Dios nos corrija cuando estamos tratando de corregir a nuestros hijos.
Las palabras duras y airadas que tenemos la tentación de usar en situaciones difíciles, no producirán arrepentimiento en nuestros hijos, sino todo lo contrario. Harán que nuestro hijo se aleje con enojo de nosotros y del Señor.
“Recuerda, ¡Dios está buscando hacer su llamamiento a nuestros adolescentes a través de nosotros! ¿Estamos actuando de una manera que avanza su obra o que se interpone en su camino? Nuestra meta debe ser llevar a nuestros adolescentes a decir declaraciones de confesión” Paul David Tripp.

3.     EL COMPROMISO
No podemos omitir este paso, ni dar por sentado que nuestro adolescente tiene un compromiso. Significa que nuestro hijo está dispuesto a prometer vivir, actuar y responder en forma diferente y/o nueva. Es un compromiso entre nuestro hijo y Dios y personas apropiadas. “Debe involucrar un giro del corazón como también de la conducta. Este es el corazón de arrepentimiento – una determinación de girar e ir en la dirección opuesta” Paul David Tripp.
Es necesario que hablemos con nuestro hijo de cómo será su compromiso en la relación o situación que tenga que enfrentar. Debemos también ayudarlo a anticipar las tentaciones que tendrá y que lo pueden hacer abandonar su compromiso.

4.     EL CAMBIO
Un verdadero arrepentimiento siempre reflejará cambios concretos en la vida de nuestros hijos. Al ayudarlos necesitamos ser específicos, hagámoslos pensar en situaciones y relaciones específicas, en las que tendrán que hacer cosas antiguas, en forma nueva, diferente y que de gloria a nuestro Señor. Recordémosle siempre que en Cristo tienen todo lo que necesitan para cumplir la voluntad de Dios en sus vidas. Él les proveerá una manera y les mostrará el camino, para que hagan lo que Él les pide.
Nuestra tarea no consiste en imponer nuestro control, sino en llevar a nuestros hijos a una sumisión que esté bajo el control del Señor.
Debemos esforzarnos todos los días en involucrar a nuestros hijos en estos pasos (consideración, confesión, compromiso y cambio). “¡Dios ha escogido usarnos para hacer su llamamiento a nuestros adolescentes! Como padres, nos sometemos a Su señorío al servir con un espíritu de embajadores en las cocinas, cuartos familiares, dormitorio y pasillos de la vida” Paul David Tripp.

No olvides poner en práctica las tres estrategias que hemos planteado en este capítulo:
1.      TENER UN PROYECTO DE EDUCACIÓN. Enfocarnos en lo que necesitamos para trabajar en la vida de nuestros hijos, cada momento.
2.      CONVERSACIÓN CONSTANTE. Estar en contacto permanente con nuestros hijos. Animarlos. Y ayudarlos a ver lo que ellos no ven sobre sí mismos.
3.      LLEVARLOS AL ARREPENTIMIENTO. Esto lo lograremos fomentando en ellos la consideración, la confesión, el compromiso y el cambio.
Estas estrategias no funcionan solas, sino haciéndolas conjuntamente. Se complementan entre sí. Y juntas nos dan un enfoque y dirección en la relación con nuestros hijos. Nos deben ayudar a saber qué estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo y cómo debemos actuar con nuestros adolescentes. Estas estrategias son usadas por Dios para señalarnos y reprimir nuestros propios pecados, al interactuar con nuestros hijos. Nos harán saber en nuestro corazón, cuando el enojo, la impaciencia y la frustración están estorbando la obra que Dios nos ha llamado a hacer.
“Recuerda, el Dios que nos ha llamado nos está educando. Está con nosotros en cada situación y relación. Nuestro Padre nos guiará, dirigirá, protegerá, perdonará, liberará y amará. Nunca nos dejará solos. Cuando estemos trabajados y cansados, él nos hará descansar. Su fortaleza obrando en nosotros logrará más que todo lo que pudiéramos pedir o imaginar. Nuestro trabajo como padres no es liberar a nuestros hijos del pecado, sino ser agentes del único que sí puede hacerlo. ¿No es maravilloso que al educar a los hijos que ha puesto bajo nuestro cuidado, nosotros podemos descansar bajo el suyo?” Paul David Tripp.




                                                                                                                            Alma Leticia Villela

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