martes, 8 de diciembre de 2015

UN CORAZÓN PARA DIOS (capitulo 10)

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 10
UN CORAZÓN PARA DIOS
¡Los hijos! ... Cuántos recuerdos, planes, sueños y anhelos hay alrededor de ellos. Desde antes de nacer, nosotros ya soñábamos y hacíamos planes con ellos.
Cuando Dios nos dio el privilegio de ser padres, nos designó como Sus agentes para amar, cuidar, instruir y entrenar a nuestros hijos.
Pese a todas las experiencias que hemos pasado con nuestros hijos y todo el esfuerzo y la dedicación durante todos sus años de vida; creo que difícilmente hemos alcanzado el ideal de padres que soñamos ser. Sin duda que hemos hecho muchísimas cosas, pero no han sido perfectas. Nos hemos visto confrontados por nuestra propia debilidad y por la Palabra de Dios.
¡Hemos trabajado y orado muchísimo por ellos! Pero, para qué. ¿Cuál era nuestro propósito?


NUESTRA META SUPREMA
Todos sin excepción, deseamos lo mejor para nuestros hijos. Deseamos darles la mejor educación posible, deseamos que obtengan un buen trabajo, que sean dichosos en sus matrimonios, que tengan niños sanos y fuertes, que sean felices en todos los ámbitos de su vida.
Si tuviéramos que escoger una sola cosa para nuestros hijos… ¿Qué escogeríamos? ¿Cuál es nuestro más profundo deseo para ellos?
David nos dice qué es lo que deberíamos desear sobre todas las cosas para nuestros hijos:
“Una cosa he pedido a Jehová; ésta buscaré: que more yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” Salmo 27:4
“¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los Ejércitos! Mi alma anhela y aun desea ardientemente los atrios de Jehová. Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo. Hasta el pajarito halla una casa, y la golondrina un nido para sí, donde poner sus polluelos cerca de tus altares, oh Jehová de los Ejércitos, ¡Rey mío y Dios mío! ¡Bienaventurados los que habitan en tu casa! Continuamente te alabarán.
Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios, que habitar en moradas de impiedad” Salmo 84:1-4, 10
Lo que David nos muestra en estos salmos es un corazón para Dios. Y esta debe ser nuestra meta más importante en la vida de nuestros hijos. Esta característica es la que debemos anhelar en nuestros adolescentes. Esta cualidad hará que se orienten hacia Dios todas las demás áreas de nuestros hijos.
No podemos estar tan ocupados, como para no tener tiempo para algo tan importante. No podemos dejarnos llevar por la corriente de la cultura y poner la educación y la profesión de nuestros hijos en primer lugar. La Biblia considera que es un necio, el que vive para ser exitoso en esta vida. Fuimos creados para tener un corazón para Dios. Nuestro fin debe ser dar gloria a Dios y gozar de El por siempre.
Quizá esto nos resulte ser irreal para la vida de nuestros hijos, porque no ha sido una realidad en nosotros mismos. No buscamos con fe este propósito para nuestros hijos, porque tampoco lo hemos buscado para nosotros.



META 4
DESARROLLAR EN TU ADOLESCENTE UN CORAZÓN PARA DIOS
Tristemente muchos hijos de hogares cristianos, se van de su casa sin tener un corazón para Dios. Dicen ser cristianos, pero actúan como mundanos en sus vidas. No evidencian necesitar a Dios en su diario vivir. No es Dios quien reina en sus vidas. El amor a otras cosas, ha sustituido el amor a Dios. Probablemente no sean muchachos rebeldes, pero aman más al mundo que a Dios (1 Juan 2:15). Están adorando y sirviendo a las cosas creadas, en vez de al Creador (Romanos 1:25).


¿QUÉ FALLÓ?
¿Por qué no estamos transmitiendo este valor a nuestros hijos? ¿Qué estamos haciendo mal?
A continuación te comparto algunas posibles respuestas a esta pregunta:

1     FAMILIARIDAD

Damos por hecho algunas cosas que han sido algo constante en nuestras vidas. A pesar de ser inmensamente privilegiados, en comparación a la mayoría en este mundo; no vivimos con una actitud de gratitud. Por el contrario, nos quejamos por lo que no tenemos, en vez de agradecer por lo mucho que tenemos. Y nuestros hijos tienden a hacer lo mismo. Simplemente cuando abren la refrigeradora y dicen que no hay nada para comer, pese a estar llena de comida.
Algo similar pasa en nuestra vida espiritual. Necesitamos romper lo rutinario en nuestro cristianismo y en el de nuestros hijos. “Necesitamos ayudarles a sentir aprecio por el privilegio de haber nacido en una familia de fe. Necesitamos ayudarles a ver que la normalidad de su hogar cristiano, no es algo común en este mundo” Paul David Tripp. Por Su soberanía y amor es que le conocemos. Nuestros hijos deben saber que Dios siempre está presente, que obra en nuestras vidas para que no nos alejemos y que Su voluntad es que vivamos para darle gloria a Él. No podemos olvidar lo verdaderamente glorioso en nuestras vidas: Dios existe, es poderoso y bondadoso y nos ha hecho Sus hijos. No existe algo más maravilloso que esta gran verdad.
Si nuestros hijos salen de nuestro hogar sin estar maravillados por Dios y Su gracia, es porque hemos fallado. Y debemos ser humildes y reconocer que si no hemos transmitido esto a nuestros hijos, es porque no es una realidad en nuestras vidas. Podríamos estar miopes o ciegos y olvidar que el Señor ha limpiado todos nuestros pecados (2 Pedro: 1-9). Nuestros hijos no apreciarán el regalo de la redención, si nosotros no la consideramos como el privilegio que es.
“Nuestro Redentor no sólo trae convicción de pecado, sino también perdona. No sólo perdona, sino también libera. No sólo libera, sino también restaura. Todo esto es para ti como padre cristiano. La obra de Cristo significa que no tenemos que vivir paralizados por el remordimiento. Confesamos nuestros pecados; él perdona y libera. Cuando damos pasos hacia delante con fe, él hace mucho más de lo que podríamos pedir o imaginar por el poder de su Espíritu que está en nosotros. El Evangelio nos permite mirar hacia atrás en descanso y mirar hacia delante con esperanza” Paul David Tripp.

2.     ESTILO DE VIDA

En la antigüedad la familia siempre estaba junta. Los padres les enseñaban a sus hijos todas las habilidades, todo acerca de la vida y de la fe. Esto nos lo describe Deuteronomio en el capítulo 6.
En este tiempo, los padres compartían con sus hijos desde que se levantaban, hasta que se acostaban. Cuánto ha cambiado la vida familiar en nuestros días. La familia ha dejado de ser lo más importante. Pareciera que nuestros hogares se han convertido en hoteles, donde solo llegamos a dormir, para continuar al día siguiente, cada quien en sus ocupaciones. Nuestra vida familiar en la actualidad se caracteriza por la separación y no por la unidad, como sucedía en la antigüedad.
Desde los 4-6 años, nuestros hijos pasan la mayor parte de su tiempo fuera de casa. Entre más crecen, más alejados estarán de nosotros y de nuestro hogar. En nuestra cultura, hasta se ve raro que un adolescente comparta tiempo con sus padres. Cuando vemos familias juntas, es porque los niños están pequeños.
Reconozcamos que este estilo de vida moderno, nos dificulta cumplir con nuestros adolescentes el llamado que Dios nos ha hecho. Es necesario que nos enfoquemos y nos disciplinemos, para que podamos preparar a nuestros hijos para ser adultos. Necesitamos crear oportunidades para hablar con ellos sobre temas importantes. Debemos evaluar el estilo de vida y las actividades de nuestra familia. “Sencillamente, no puedes ser el mentor, pastor, discipulador de tu hijos, ni puedes desarrollarlos si casi no los ves” Paul David Tripp.
Implicará más que apagar nuestro televisor. Necesitamos compartir nuestras vidas y nuestro corazón con nuestros hijos. Hagamos cambios y reprogramemos nuestras actividades, a fin de tener tiempo y dedicárselo a cada uno de nuestros hijos. Muchas veces tendremos que reconocer que la causa es nuestro propio egoísmo y deberemos pedir perdón.
Preguntémonos si hemos inculcado en nuestros hijos amor a Dios y un compromiso de vivir para Él. Si la respuesta es no, analicemos si la causa es nuestra vida ocupada y la separación con nuestros hijos.

3.     HIPOCRESÍA

Los hijos de padres que han hecho un compromiso verbal con la fe, pero que no viven conforme a este compromiso, tenderán a rechazar dicha fe. No se trata de vivir una vida perfecta, sino de evidenciar en nuestra vida que Dios y Su palabra es lo más importante. Honrando a Dios aún en los fracasos, al confesar y sentir arrepentimiento.

Padres que hablan sobre el pecado, y creen que son mejores que los demás; que hablan sobre el amor de Cristo, pero son egoístas; que hablan de la gracia de Cristo, pero condenan verbal/físicamente a sus hijos cuando los disciplinan; que hablan del perdón de Cristo, pero viven enojados y sin perdonar; que hablan de buscar el reino de Dios, pero se dejan llevar por el materialismo. Todos ellos, con sus actos niegan el Evangelio de Jesucristo. Efesios 4:1 nos dice, “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”. Si no lo hacemos nosotros, nuestros hijos rechazarán y despreciarán el Evangelio que nosotros decimos ser supremo en nuestras vidas. Rechazarán al Dios que no hemos sabido representar y servirán a los ídolos de nuestra cultura y no a Él (Ver Jueces 2:6-15).



EXAMINA TU CORAZÓN

¿Cuál es tu reacción a lo que hemos venido diciendo? ¿Te sientes a la defensiva, desanimado o avergonzado? El Evangelio de Jesucristo no solo nos da esperanza para nuestros hijos, sino también para nosotros mismos. Cristo nos hace una invitación a arrepentirnos y permitirle hacer una nueva obra en nosotros.
Debemos tener disposición para examinar nuestro corazón y nuestra vida. Debemos confesar y arrepentirnos por todas las veces que nuestros actos han contradicho lo que hemos dicho acerca de cuán importante es Dios en nuestras vidas. No debemos sentirnos amargados, fracasados o derrotados; debemos tener gozo por el perdón y la libertad que hay en Cristo. Él no solo nos perdona, sino que también nos da la fuerza para vivir una nueva vida en Cristo Jesús.
Si tu vida ha reflejado contradicciones delante de tus hijos, habla con ellos y diles: “Sabes hijo (hija) la manera en la que he vivido y reaccionado hacia ti a menudo ha sido una contradicción de cómo te he enseñado a vivir y cómo Dios ha actuado hacia mí. Sé que esto a menudo te ha desalentado y te ha enfadado. Sé que he sido hipócrita, desamorado, condenador, y no perdonador, y estoy aquí para pedir tu perdón. Me he dado cuenta que como padre, no he representado a Dios muy bien. Te pide que ores por mí, y te invito a que te acerques a mí cuando pienses que he reaccionado de una manera hipócrita y desamorada. Me he comprometido con Dios a vivir de una manera que hagan que él y su palabra sean atractivos para ti y tus hermanos y hermanas. Por favor ora por mí” Paul David Tripp.
Nuestro Dios es un Dios de restauración. Permítele que te rescate y restaure.


SEÑALES DE UN CORAZÓN PARA DIOS

¿Qué apariencia tiene el corazón de un joven que vive para Dios? La principal característica de un corazón así es su sincero y profundo interés por conocer a Dios y honrarle.
La vida piadosa consiste en algo más que cumplir una serie de comportamientos correctos. Estas listas de lo que se debe y no se debe hacer, han sido impuestas por las iglesias, que han hecho una mezcla entre los mandatos bíblicos y normas de conducta humanas. “La verdadera vida piadosa fluye del corazón y produce una cosecha de buen fruto en la vida de una persona” Paul David Tripp. Deseamos este corazón para nuestros hijos.
Un adolescente con un corazón para Dios, tendrá comportamientos, actitudes, relaciones y actividades que reflejan su búsqueda de Dios. No solo es cumplir con lo que debido. Este comportamiento no es motivado por las amenazas, culpa o amonestaciones hechas por los padres. Un adolescente así se involucrará en actividades espirituales porque le nace hacerlo, porque verdaderamente es importante para él.
Un joven con un corazón para Dios siempre será un buscador. Buscará situaciones, relaciones, lugares que lo ayuden a conocer cada día más a Dios. Hará el tiempo, irá más allá de lo normal, actuará decidido en cuanto a su fe. No pondrá excusas para no asistir a actividades de la iglesia. Se preocupará por leer, estudiar, meditar y memorizar la Palabra de Dios. Siempre buscará al Señor.
Un adolescente con un corazón para Dios es aquel que conoce, ama a Dios y quiere conocerlo cada día más.


SEÑALES DE UNA BÚSQUEDA DE DIOS

1.     EXISTIRÁ UNA VIDA INDEPENDIENTE DE ADORACIÓN Y DEVOCIÓN PERSONAL

Este joven pasará tiempo con el Señor. Dedicará tiempo para leer la Biblia y para orar.
2.     TENDRÁ EL DESEO DE PARTICIPAR EN LA ADORACIÓN E INSTRUCCIÓN CORPORATIVA

Este joven tendrá el deseo de asistir al culto de su iglesia, para adorar al Señor. Porque sabe que la adoración es la forma de expresar el amor y la gratitud al Señor. Se gozará de compartir con personas que al igual que él, disfrutan alabar al Señor.
Tiene un espíritu hambriento y moldeable, que reconoce que necesita ser instruido. Esta es una señal que la gracia del Señor está actuando sobre este joven. Mostrará gran interés en aprender más de Dios, de Su voluntad y Su camino. Apreciarán a los maestros puestos por Dios y deseará estar donde se de instrucción.
3.     BUSCARÁ COMPAÑERISMO CON EL CUERPO DE CRISTO

Deseará pasar tiempo con aquellos que comparten su fe y que también deseen estar involucrados en las actividades de la iglesia. Donde quiera que esté siempre buscará tener compañeros cristianos. Apreciará la ayuda, oración, ánimo, consejo de las personas mayores y maduras de la iglesia.

4.     ESTARÁ RELAJADO Y ABIERTO A LAS DISCUSIONES SOBRE LAS COSAS ESPIRITUALES

Es joven no estará cerrado, ni a la defensiva, o indispuesto a escuchar la Palabra de Dios. Por el contrario, sabe que la Palabra de Dios habla en cada una de las situaciones de la vida.
5.     SE ACERCARÁN A LA TOMA DE DECISIONES DESDE UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Su corazón estará orientado a hacer lo correcto. Sus decisiones no deben ser impulsivas, egoístas o guiadas por una emoción. “Queremos que ellos realmente crean que la pregunta más importante en cada situación es, ¿Qué quiere Dios que piense, desee, diga y haga? Y queremos que vean a la Biblia como su herramienta más importante al tomar las decisiones más críticas y prácticas de la vida” Paul David Tripp.

Nuestra meta más importante debe ser que nuestros hijos tengan un corazón para Dios. Este corazón producirá los demás frutos en la vida piadosa de nuestros adolescentes.
Busquemos siempre en nuestros hijos estas evidencias que hemos mencionado.
“El Evangelio es para los adolescentes y el Espíritu Santo puede obrar la piedad en el corazón de un adolescente como en el de cualquier otra persona” Paul David Tripp. Si lo creemos, esforcémonos en ser los instrumentos de Dios en la vida de nuestros adolescentes.


ESTRATEGIAS PARA IMPULSAR UN CORAZÓN PARA DIOS
Como en todo, necesitamos saber para dónde vamos y cómo llegar hasta ahí.
A continuación te presentamos algunas estrategias para motivar el hambre y sed del Señor en tus hijos adolescentes:

1.     HAZ QUE EL CULTO FAMILIAR SEA UNA PRIORIDAD Y HAZLO ATRACTIVO

 Debemos procurar captar la atención de nuestros hijos. Atraerlos e involucrarlos. Es ganarlo para la voluntad y el camino del Señor. Es necesario que este tiempo devocional sea agradable, relevante, desafiante e interactivo. Centrado en la Palabra de Dios.
Puedes tomar un buen libro cristiano como base de la instrucción y la discusión. Las obras de Steve Brown y Max Lucado son un buen ejemplo de estos libros.
Debes procurar que tus hijos menores entiendan y que resulte desafiante para los mayores.
Deben de ser un tiempo de conversación. Hazles preguntas para ver si entendieron o tienen alguna confusión o duda y para ver si pueden relacionar lo del libro con sus propias vidas.
El libro de Proverbios y los Evangelios despiertan interés en nuestros hijos.
Proverbios habla de lo que suele ocurrirnos a cada uno de nosotros. Y los Evangelios también nos hablan de la vida real.
Debe ser un tiempo donde nuestros hijos se sientan en libertad de hacer preguntas, expresar sus dudas y confusiones, debatir y sacar aplicaciones; sin temor a que serán callados, se les regañará o pondrá en ridículo.
No hay prisa. Lo que deseamos es que relacionen la verdad de Dios con sus vidas. Que haya tiempo para que entiendan y el Espíritu Santo obre en ellos.

2.     BUSCA OPORTUNIDADES PARA DIRIGIR A TU ADOLESCENTE HACIA DIOS

Sabemos que Dios siempre está presente y activo en nuestras vidas, sabemos que todo lo que hace es bueno. Busquemos oportunidades para hacerles ver estas cosas a nuestros hijos. Que no caigan en el error de pensar que Dios está inactivo y distante.
Menciona las respuestas a nuestras oraciones. Compartamos situaciones en las que nos ha dado fortaleza y sabiduría, protección y provisión, dirección y rumbo. Que nuestros hijos estén conscientes de la existencia de Dios y Su obrar en nuestras vidas.

3.     SÉ POSITIVO Y CRISTOCÉNTRICO EN TU USO DE LA ESCRITURA

No usemos la Biblia para producir culpa, humillación, vergüenza o  condenación en nuestros hijos. La veradd siempre la debemos decir en amor.
El propósito de la Palabra de Dios en nuestros adolescentes es que estén “enteramente preparados para toda buena obra” (2 Tim. 3:17).
La Palabra siempre va del fracaso y pecado hacia el perdón y la liberación en Cristo Jesús. Que la Biblia lo anime a acudir a Jesús y recibir ayuda de Él.

4.     DEBEMOS ESTAR DISPUESTOS A SER USADOS COMO EJEMPLO DEL PERDÓN, HABILITACIÓN Y LIBERACIÓN DE LA GRACIA DE CRISTO

No pretendamos llevarnos el crédito y el protagonismo nosotros. Debemos ser ventanas a través de las cuales, nuestros hijos vean la gloria de Cristo. Debemos admitir que nosotros éramos y somos personas que necesitamos de Cristo.

5.     DEBEMOS ESTAR DISPUESTOS A PEDIR PERDÓN, QUE SE NOS PIDAN CUENTAS Y QUE SE ORE POR NOSOTROS

Dios puede usar nuestros fracasos para trabajar en la vida de nuestros adolescentes.
Cuando nos irritamos, somos egoístas, nos enojamos y equivocamos, acerquémonos a nuestros hijos y confesemos nuestras faltas. Pidamos que él/ella ore por nosotros. Seamos un ejemplo de humildad, dependencia y esperanza en el Señor.

6.     SÉ UN MODELO DE LA ORACIÓN SIN CESAR

Haz que la oración sea parte importante y regular en tu hogar. Ora con tus hijos. Cuando por alguna situación necesiten o te pidan que ores por ellos, no lo pospongas, ora inmediatamente.
Pregúntale cuáles son sus batallas y temores y ora por cada una de esas áreas. Después de un tiempo de estar orando, pregúntale cómo va en ese tema y dile que has continuado orando por ese motivo. Debemos orar sin cesar como dice Su Palabra.

7.     SÉ UN EJEMPLO DE UN HAMBRE DE DIOS

Que nuestros hijos vean nuestro compromiso en nuestro tiempo devocional (personal y familiar), que nos vean aprender de Su Palabra, que vean nuestro compañerismo y servicio en el cuerpo de Cristo.
Preguntémonos si estamos siendo ejemplo, de lo que pretendemos desarrollar en nuestros hijos.
Demostremos nuestro compromiso y lo importante que es nuestra relación con el Señor.

“Aunque no logremos nada más, lo que sí queremos es que nuestros hijos le conozcan, valoren su amor, se maravillen por su gracia y vivan para su gloria. Queremos que experimenten su amor redentor y entreguen sus corazones a él. Por lo tanto, serán nuestra prioridad la adoración y enseñanza pública, el estudio bíblico personal, el compañerismo, y el culto y ministerio familiar. Nos esforzaremos por ser padres que diariamente demuestran con su vida lo que significa buscar primeramente el reino de Dios, haciendo que sea nuestra prioridad la búsqueda de Cristo” Paul David Tripp.






Alma Leticia Villela




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