martes, 29 de diciembre de 2015

SALIENDO DEL HOGAR (Capitulo 11) Edad de oportunidad

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          

Capítulo 11
SALIENDO DEL HOGAR


Hace una año y medio viajamos a la ciudad de Atlanta a dejar a mi hija a la universidad. Pasamos un lindo tiempo comprando lo que iba a necesitar, arreglando su cuarto y dejándola completamente instalada. ¡Recuerdo mi deseo de hacer eternos esos 20 días de viaje! Pero se llegó el gran día, el día de la triste despedida. No puedo describir con palabras todas las emociones y sentimientos que experimenté en ese momento; sentí que mi corazón se despedazó en ese largo y fuerte abrazo de despedida. ¡Qué momento tan duro! Creo que nunca estaremos listos para dejarlos ir de casa.
En esos momentos deseaba volver a estar embarazada y comenzar a disfrutar a mi hija de nuevo. Pensaba en todo lo que haría mejor, al tener una segunda oportunidad. A pesar de haberme dedicado a mi hija tiempo completo, sentía que no fue suficiente el tiempo que pasé junto a ella. Nunca será suficiente el tiempo junto a nuestros hijos y sin duda, al llegar el momento de verlos salir de nuestra casa, desearemos haber hecho mejor muchas cosas. Desearemos haberles hablado mucho más sobre el Señor y Su Palabra, haber orado más con y por ellos, haber sido un mejor testimonio para ellos.
“Nuestra meta como padres es esforzarnos para completar la obra y quedarnos sin trabajo. La meta de los padres es enviar adultos jóvenes al mundo que estén preparados para vivir como hijos de Dios, y como sal y luz en un mundo corrupto y en ruinas” Paul David Tripp. Nuestros hijos pertenecen a Dios, no son nuestra posesión, nosotros sólo somos instrumentos en las manos de Dios.






META 5
PREPARAR A LOS ADOLESCENTES PARA SALIR DEL HOGAR


Esta es la meta final que debemos lograr. Hemos sido llamados por Dios para preparar a nuestros hijos y que sean obreros en Su Reino. Como hemos dicho, nuestros hijos le pertenecen a Dios, nunca han sido nuestros. Dios nos eligió para que fuésemos Sus agentes en el crecimiento, madurez y preparación de nuestros hijos. Hacemos mal al desear que sean dependientes y apegados a nosotros. “Debemos desear ser capaces de decir con alegría: ¡Sé libre! sabiendo que tienen todo lo que necesitan para hacer lo que Dios los ha llamado a realizar” Paul David Tripp.  


SALIENDO DEL HOGAR DEMASIADO PRONTO
Al ver a nuestro alrededor nos damos cuenta que tristemente, muchos jóvenes salen de sus hogares demasiado pronto y sin estar separados.
Estos son muchachos que desde los trece años, anhelan irse de su casa. Desean graduarse y liberarse. Se van de sus casas, sin siquiera dar las gracias porque la relación con sus padres está rota desde hace mucho. Por lo general, los adolescentes no se van de sus casas por estar en contra de las reglas, sino se van por tener una mala relación con sus padres. Y se van sin estar preparados para vivir en forma piadosa y productiva, en este mundo caído.
Esto pasa cuando los padres en su afán de lograr que sus hijos actúen correctamente, corrompen y distorsionan la relación con su enojo, amargura y carácter implacable. A veces, usan el fracaso de su hijo, para ganar el poder; olvidándose del amor paternal de Cristo que ellos mismos han experimentado. Cuando eran pecadores, Cristo murió por el perdón sus pecados. “Es su gracia la que sobrepasa la profundidad y la anchura de su pecado. Su gracia nunca es transigente con respecto a lo que es correcto, nunca dice que está bien el pecado, pero trae poderosamente un amor perseverante a aquel que nunca podría ganarlo por su propia justicia” Paul David Tripp.
Si queremos seguir el ejemplo de Cristo, debemos corregir con el Evangelio de gracia. No amonestar sin señalar el amor de Cristo. Debemos ver cada fracaso, problema o pecado, como una oportunidad más para enseñar a nuestros hijos a entregarse a Cristo. Debemos tratar a lo malo como malo y no como bueno, mostrando la realidad gloriosa del Evangelio. No podemos sustituir lo que la gracia de Cristo puede hacer en el corazón de nuestros hijos, con nuestras palabras y disciplina. El tema que debe prevalecer en nuestros hogares es Cristo y no la desilusión o el fracaso de nuestros adolescentes. Cristo perdonará y liberará a nuestros hijos en el fracaso y guiará y fortalecerá su obediencia. Debemos acudir a Él en cada experiencia y darle la gloria siempre. “Los adolescentes que viven en hogares como éstos, con regularidad se sorprenderán por el amor de sus padres y la gracia de Cristo quien los ha escogido para vivir en una familia donde el amor redentor de Cristo reina supremamente” Paul David Tripp.




CUATRO VERBOS PARA LOS PADRES
A continuación les comparto 4 verbos que nos ayudarán a establecer el plan para modelar a Cristo ante nuestros adolescentes:
1.    ACEPTAR
Debe ser una aceptación que lleve hacia el cambio. No debemos juzgar, rechazar, condenar y quebrantar la relación, ese no es nuestro trabajo. “Nuestro trabajo es funcionar como los instrumentos de Dios para el cambio, y la herramienta más poderosa que tenemos es nuestra relación con nuestros adolescentes. Lo que queremos es conducir esta relación de tal manera que su obra florezca en medio de ella” Paul David Tripp.
2.    ENCARNAR
Cristo reveló a Dios en Su carne, nosotros debemos revelar a Cristo. Debemos encarnar el amor de Cristo en la relación con nuestros hijos. Cuando reaccionamos de esta manera, mostramos el amor, paciencia, gentileza, amabilidad y perdón de Cristo (Ver Colosenses 3:12-14). “Esta debe ser una de nuestras metas más altas – que Cristo, su carácter y su obra del evangelio sea evidente en la manera como nos relacionamos con nuestros adolescentes” Paul David Tripp.
3.    IDENTIFICAR
Cristo no se avergüenza de nosotros, pues sufrió lo mismo que nosotros. Él se identifica con nuestra realidad y con las tentaciones que tenemos en este mundo. “Si Cristo puede identificarse con nosotros, ¡Cuánto más nosotros debemos ser capaces de identificarnos con nuestros adolescentes!” Paul David Tripp. Todas las luchas que tienen nuestros hijos, han sido o son nuestras luchas. A veces queremos olvidar nuestras responsabilidades y lo que no nos gusta hacer. En ocasiones, somos voluntariosos y solo queremos salirnos con la nuestra. Muchas veces somos inaccesibles y estamos a la defensiva. A veces creemos saber más de lo que en verdad sabemos.
Coincidimos con nuestros adolescentes al tener una naturaleza caída y un crecimiento progresivo hacia la santidad.
“Debemos andar hombro a hombro con ellos, como el hermano o hermana mayor, señalándoles el único lugar de esperanza: Cristo. Debemos comunicarles que todas las respuestas que les damos, también nosotros las necesitamos” Paul David Tripp.
4.    ENTRAR
Al igual que Cristo entró en nuestro mundo y estuvo 33 años en él, conociendo nuestras experiencias; nosotros también, debemos entrar al mundo de nuestro adolescente. Debemos invertir el mismo tiempo para hacer buenas preguntas y para escucharlos hablar. Si tomamos tiempo para conocer a las personas, las presiones, las responsabilidades, las oportunidades y las tentaciones que enfrentan, nuestra relación con ellos sería más amorosa. Sería una tragedia que dejemos de hablar con nuestros hijos en forma honesta, significativa y personal. Si esto sucede, la corrección, disciplina, instrucción y debate, se hace sobre una base de ignorancia.
Separemos el tiempo y entremos al mundo de nuestros adolescentes. Enterémonos de las cosas que enfrentan, de sus luchas emocionales y espirituales, de sus tentaciones y sus caídas. Entendamos cómo ven ellos el mundo (Su hogar, escuela, trabajo, entretenimiento, etc.). Hagámosles saber que su mundo y la forma en que lo enfrentan, es importante para nosotros. Pongámonos en sintonía con ellos, tratemos de entenderlos e interesémonos en ellos. Si nos dicen que no los entendemos, digámosles que los amamos y que queremos entenderlos. Pidámosles que nos expliquen, para lograr entender. Que no se frustren si no les entendemos, sino que nos ayude a entenderlos.

“Los adolescentes cuyos padres los han aceptado con la gracia de Cristo, que han encarnado el amor de Cristo, que se han identificado con ellos como Cristo lo hizo, y que han entrado en su mundo adolescente siguiendo el ejemplo de Cristo, no estarán tratando de salirse del hogar tan pronto como puedan” Paul David Tripp. Ellos querrán conservar la única relación en la que han sido amados, aún sin merecerlo. Esto nos dará tiempo y libertad para prepararlos un poco más, para que puedan enfrentar el mundo y relacionarse con Dios, por su propia cuenta.




¿CÓMO ES LA MADUREZ?
La Biblia plantea que la madurez es una meta para toda la vida. Nosotros que somos adultos todavía no hemos alcanzado la madurez, Dios todavía está trabajando en nuestras vidas para llevarnos hacia la madurez en Cristo. Por lo que no podemos esperar que nuestros hijos salgan del hogar como si fueran un producto terminado. En la medida que nuestros hijos se preparan para salir de casa, deberíamos de ir viendo las semillas de madurez en sus vidas. Si esas semillas están ellos, continuarán creciendo aún y cuando hayan salido de casa. Como padres nuestro trabajo es sembrar semillas de madurez en nuestros hijos. Es Dios quien regará y los hará crecer.
¿Cómo podemos saber si nuestros hijos están listos para salir del hogar?, ¿Qué significa que estén listos?
Pablo resume lo que es la madurez bíblica de la siguiente manera:
“Por esta razón también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y plena comprensión espiritual; para que andéis como es digno del Señor, a fin de agradarle en todo; de manera que produzcáis fruto en toda buena obra y que crezcáis en el conocimiento de Dios; y que seáis fortalecidos con todo poder, conforme a su gloriosa potencia, para toda perseverancia y paciencia. Con gozo damos gracias al Padre que os hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. Él nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados” Colosenses 1:9-14.
En este pasaje Pablo ora por la madurez de la Iglesia en Colosa y destaca seis características. Estas características deben ser alcanzadas por nuestros hijos y por nosotros, a lo largo de nuestras vidas. A continuación las mencionamos:
1.    SENSIBILIDAD A LA VOLUNTAD REVELADA DE DIOS
Como lo hemos dicho en capítulos anteriores, los adolescentes tienden a vivir su presente. Pareciera que no ven más allá de lo que piensan y desean. Es importante que puedan ver más allá de su propia felicidad; deben vivir para la gloria de Dios y desear poder aplicar los principios de la Palabra de Dios a su vida diaria.
2.    VIDA PIADOSA FUNCIONAL
Nuestros hijos deben vivir como es digno del Señor, agradándolo en todo. Produciendo fruto en toda buena obra.
“Necesitamos creer que Dios, por su Espíritu, puede producir en nuestros adolescentes un deseo de agradar al Señor en todo lo que hagan. No debemos estar satisfechos con algo menor que esto” Paul David Tripp.
3.    CRECIMIENTO ESPIRITUAL PROGRESIVO
Nuestro deseo debe ser ver crecer día a día a nuestros hijos en el conocimiento del Señor. Necesitamos enseñarles que cada situación en sus vidas, representa una oportunidad para conocer más a Dios y a Su Palabra. Si lo hacemos de esta manera, vamos a ser testigos de su crecimiento espiritual. “Veremos como la fortaleza reemplaza la debilidad, veremos la sabiduría reemplazando a la necedad, veremos el valor que da la fe reemplazando la duda y temor, veremos la gratitud reemplazando el egoísmo y descontento, y veremos el temor del Señor reemplazando la esclavitud a las opiniones y aceptación de los coetáneos” Paul David Tripp.
4.    PERSEVERANCIA
Nuestros adolescentes deben llegar a reconocer su debilidad y ver cómo la fortaleza del Señor se perfecciona en su debilidad.
Si su confianza está en la fortaleza del Señor, no se darán por vencidos, ni huirán, ni renunciarán ante sus problemas. Podrán soportar con paciencia cualquier situación que se les presente. No cederán a la presión de sus iguales, sino que permanecerán firmes y se negarán a violar sus convicciones. No renunciarán cuando las cosas se pongan duras, ni le echarán la culpa otros de lo que sucede o de sus propios errores. Esto es aprender a fortalecerse en el Señor y en el poder de Su fuerza.
5.    UN APRECIO POR LA GRACIA DE DIOS
Tristemente, muchos adolescentes no le dan importancia al privilegio que han tenido de nacer en una familia de fe. No solo no reconocen, ni valoran la gracia de Dios; sino que, muchos desean haber nacido en una familia donde hubieran gozado de más libertad.
En el pasaje que citamos de Colosenses, Pablo nos habla acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros y nos señala que somos parte de la familia de Dios y herederos de Su gracia. “La madurez significa no dar por sentado lo que merece ser altamente apreciado” Paul David Tripp. Apreciemos y enseñemos a nuestros hijos el inmenso valor de la gracia de Dios.
6.    CONSCIENCIA DEL REINO DE DIOS
Cristo no nos rescató de las tinieblas, para que vivamos para nosotros mismos. Dejamos de ser esclavos del pecado y ahora somos esclavos de Cristo. No somos dueños de nuestra vida, le pertenecemos a Él. Hacer Su voluntad, es nuestro deber. “Su gloria debe ser nuestra meta. Sus propósitos son el programa de nuestra vida. Vivimos a través de él y para él. En todo lo que hacemos existe un plan superior – su reino y su justicia” Paul David Tripp.

Es importante que nuestros adolescentes tengan un plan superior y que no solo se enfoquen en ellos mismos.
Nuestros hijos deben llegar a verse como ciudadanos, obreros y edificadores del Reino de Dios. Debemos anhelar que este enfoque moldee cada área de sus vidas (amistades, trabajo, estudios, vida familiar, entretenimiento, pensamientos, emociones, posesiones, etc.)
¡Esta meta pareciera inalcanzable! Debemos poner nuestra fe y esperanza en el Señor y creer que Él es capaz de hacer muchas cosas maravillosas a través de nosotros, en la vida de nuestros hijos. Aprovechemos cada oportunidad que se nos presente y animémoslos a alcanzar estas metas. Tengamos una visión bíblica sobre la madurez, que nos guíe en la preparación de nuestros hijos, para salir un día de nuestras casas.




EL FRUTO DIARIO DE LA MADUREZ
Necesitamos conocer el fruto de la madurez, para que podamos evaluar si nuestros hijos están listos para salir de casa.
A continuación te detallamos algunos frutos de la madurez bíblica:
1.    ACEPTACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD PERSONAL
A medida que nuestros hijos maduran aceptarán y cumplirán con agrado las responsabilidades que Dios les ordene. No tendremos que amenazarlos, obligarlos o manipularlos para que hagan lo que deben hacer. Será confiable y digno de confianza.
Será responsable de mantener una comunión diaria con el Señor. Este deseo por el Señor lo hará buscar compañeros, enseñanza de la Palabra, adoración al Señor y ministerios donde servir.
Será también responsable de mantener una relación sana, productiva, que de gloria a Dios, con los que le rodean (sus padres, hermanos, amigos, maestros, vecinos, etc.) Debe desarrollar relaciones sanas y duraderas que no necesiten de nuestra intervención.
Será responsable también en su trabajo. Sabiendo que desde el principio el Señor lo estableció y que podemos reflejarlo a través de nuestro trabajo. Debemos trabajar con gozo y propósito, viviendo como Él desea que vivamos. Nuestros hijos deben desarrollar una actitud positiva hacia el trabajo que realizan dentro y fuera de casa.
2.    APLICACIÓN DE CONVICCIONES BÍBLICAS
Un adolescente maduro es aquel que pondrá límites morales. Será prudente, como resultado de su deseo de actuar correctamente delante del Señor. Se puede confiar en estos adolescentes que viven con convicción. Toman decisiones firmes, aún y cuando sus padres no los ven. Por lo general, se rodearán de amigos que actúen igual que él/ella. Sus vidas deben reflejar una sumisión absoluta a Dios.
Si nuestros hijos viven dentro de los límites de Dios, no tendrán razón para esconderse. Sus deseos, decisiones y acciones están dentro de la voluntad de Dios. Una buena pregunta que deberíamos hacer a nuestros adolescentes es, ¿Estás haciendo algo que te da temor o vergüenza de hacerlo enfrente de mí?
3.    UN ESPÍRITU ACCESIBLE, MOLDEABLE, Y ATENTO
Una señal de madurez es que reconozcan la tarea que tienen por delante. Desearán obtener toda la ayuda y la preparación que se pueda. Conversarán acerca de lo que están haciendo. Si cuestionamos sus elecciones, no se pondrán a la defensiva. Al discutir no serán contenciosos, ni impacientes. Son accesibles. Pueden recibir instrucción, sin contender. Podrán discutir sin enojarse, los desafíos que en amor hagas respecto a sus pensamientos, decisiones y acciones. Te buscarán para pedirte consejo y sabiduría.
4.    AUTOEVALUACIÓN PRECISA
En la medida que van madurando, la perspectiva sobre sí mismos será más precisa. Serán conscientes de sus fortalezas y debilidades. Aprenderán a descubrir cuando se hallen frente a tentaciones.
No pretendemos que nuestros adolescentes sean perfectos y que todo lo hagan en el tiempo y la forma correcta. Anhelamos que vayan adquiriendo madurez, que tengan una perspectiva precisa de sí mismos y sean capaces de reconocer que todavía necesitan de nuestra ayuda.
5.    UNA PERSPECTIVA ADECUADA DE LAS COSAS
Vivimos en un mundo que adora y sirve a las cosas creadas, en vez de al Creador. Se define el éxito de una persona, por las cosas que posee. Las personas disfrutan modelando sus posesiones. Es difícil que nuestros hijos no sean influenciados por la cultura que los rodea.
“Un adolescente que está madurando será agradecido por las cosas que tiene, pero también estará aprendiendo que la vida no consiste en la abundancia de sus posesiones. Al mismo tiempo, será un buen mayordomo de las cosas que Dios le ha dado, y será alguien a quien se puedan confiar las posesiones de otros. Tendrá un sentido de la manera apropiada de usar y pensar acerca de las cosas que Dios ha provisto” Paul David Tripp.


SOLO ES CUESTIÓN DE TIEMPO
Sabemos que nuestros hijos no vivirán por siempre con nosotros. La meta de Dios para nosotros (padres), es que trabajemos y trabajemos, hasta cuando ya nuestros hijos no nos necesiten. “Su plan es que seamos sus instrumentos para producir hijos que sean maduros bíblicamente, listos para enfrentar la vida en el mundo caído, listos para ser sal y luz, listos para ser contribuyentes en la obra de su reino, que ya no necesiten la dirección diaria que por tantos años les proveímos” Paul David Tripp.
No podemos dar a nuestros adolescentes, algo que ni nosotros tenemos. El que seamos cristianos, no es garantía de que seamos personas bíblicamente maduras. Nosotros también necesitamos vernos en el espejo de la Palabra de Dios.
Delante del Señor necesitamos ser honestos y preguntarnos si estamos exigiendo a nuestros hijos que cumplan lo que ni nosotros cumplimos. ¿Nuestros actos se contradicen con nuestras palabras? ¿Esteremos siendo hipócritas y haciendo que nuestros hijos rechacen a Dios y a nosotros? ¿Reconocemos delante de nuestros hijos que necesitamos cada día de la gracia de Dios?
Debemos admitir que necesitamos de la ayuda de nuestro Padre celestial. “Significa ir a él y decir, no podemos ser lo que tú nos llamas a ser sin los recursos abundantes de tu gracia. Hemos creído, pero ayúdanos en nuestra incredulidad. Hemos obedecido, pero fortalécenos donde nos sentimos tentados a desobedecer. Hemos amado, pero ayúdanos cuando nos mueve más el amor a uno mismo que el amor por ti. Obra en nosotros, Señor, para que obres a través de nosotros para capturar la vida de nuestros adolescentes por tu gracia. Te pedimos esto para que sus vidas y las nuestras sean vividas como himnos para tu gloria” Paul David Tripp.




Alma Leticia Villela



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