viernes, 13 de noviembre de 2015

Hay una guerra allí afuera (Cap. 7 Edad de Oportunidad)

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 7
HAY UNA GUERRA ALLÍ AFUERA

La adolescencia trae consigo incidentes que impredecibles, actos cometidos por nuestros hijos, que causan una lucha en nuestro corazón al enfrentarlos. Es en estos momentos donde necesitamos tener metas bíblicas que nos ayuden a mantenernos en el camino que Dios quiere. Podemos recibir estos momentos como una oportunidad para pastorear el corazón de nuestros hijos o pueden ser la causa de distanciamiento y enojo entre nuestros adolescentes y nosotros.
Que estos momentos no nos agarren desprevenidos. La tensión y las emociones no nos dejarán pensar en forma clara, concreta y bíblica. Antes que se presenten, tenemos que tener un verdadero compromiso y metas preestablecidas para afrontar estos momentos de acuerdo a la voluntad de Dios. Al actuar de acuerdo a estas metas, Dios nos permite convertir una situación de pecado, en una situación de redención.
Antes de hablar de estas metas, hablemos de algo que NO debe ser una meta para nosotros.

REGULANDO EL COMPORTAMIENTO
Una meta equivocada es querer regular el comportamiento de los hijos. El temor a que nuestros hijos caigan en el alcohol y las drogas, el sexo y/o que abandonen los estudios, nos puede llevar a hacer cualquier cosa, a fin de controlar su comportamiento, sus decisiones y sus actividades. Muchas veces pretendemos lograrlo infundiendo en ellos culpa, miedo o  manipulándolos.
No podemos negar el temor que sentimos al tratar de hacer la obra de Dios. A través de infundir miedo, culpa y manipulación pretendemos cambiar el corazón de nuestros adolescentes y esto es algo que solo Dios puede lograr. Si logramos controlar su corazón, será solo una victoria a corto plazo. Lo que necesitamos hacer es confiar en la obra de Dios y con fe buscar ser instrumentos de cambio en Sus manos.
Al estar nuestros hijos fuera de nuestro control, dejarán de hacer lo correcto, porque actuaban correctamente gracias a nuestra presión y no por un cambio en su corazón.
Colosenses 2:20 – 23 nos dice: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.
En este pasaje Pablo explica por qué las reglas y las regulaciones no trabajan en el corazón del adolescente. Pablo nos dice, “No tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.
Pedro nos dice que el mundo es corrupto debido a los malos deseos (2 Pedro 1:4). Para ganar esta guerra es necesario que trabajemos con los deseos del corazón de nuestros hijos adolescentes. Debemos pastorear el corazón de nuestros hijos, así como nuestro Padre Celestial nos pastorea a nosotros.
Debemos ser padres amigables, observadores y conversadores con nuestros hijos. No debemos permitir el distanciamiento, la evasión ni el silencio con ellos. Nuestros hijos no deben de dictar las pautas de nuestra relación. Al surgir los problemas, debemos mantener una buena comunicación que nos permita descubrir los pensamientos y motivos de su corazón. A la luz de la Palabra debemos ayudar a nuestros hijos a exponer y juzgar su corazón. Esta tarea la debemos hacer con amor, paciencia, amabilidad, mansedumbre, perdón y tolerancia. Si lo hacemos, mostraremos el amor de Cristo, quien es el Gran Pastor de nuestros adolescentes.
Colosenses 3: 12-14 nos describe cómo debemos ser en nuestras relaciones con nuestros hijos: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”.


Si nos acercamos a nuestros adolescentes con estas actitudes, demostraremos la presencia de nuestro Señor Jesucristo, quien siempre está presente y tiene un amor sin límite. Él quien es el que transforma los corazones, nos usará como instrumento en Sus manos. ¿Notan la diferencia entre actuar a la manera del Señor y no a nuestra manera (con enojo ansioso, control temeroso y manipulación desesperada)? “Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” Santiago 1:20.
Nuestro intento por controlar el comportamiento de nuestros hijos, interfiere con lo que el Señor está haciendo en sus vidas. Ezequiel 14:15 nos habla del plan de Dios: “Para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos”. Dios está reconquistando los corazones, a fin de que le sirvan solo a Él. “¿Podemos tener una meta menor que esta al estar educando a nuestros adolescentes? Debemos esforzarnos para ver los ídolos fundamentales del corazón que moldean nuestro comportamiento. Serán expuestos cuando el Espíritu obre a través de nosotros para alumbrar la vida del adolescente con la luz de la Escritura” Paul David Tripp.
Debemos comprometernos en ser parte activa en el cambio del corazón de nuestros hijos; todo lo que hagamos con y por ellos, debe ser motivado por este compromiso.
En este y en los siguientes capítulos hablaremos de 5 metas que nos dan una guía práctica de lo que debemos hacer con nuestros hijos adolescentes, a fin de pastorear sus corazones.

Meta 1
ENFOCARSE EN LA LUCHA ESPIRITUAL
Nuestros adolescentes son dominados por su preocupación por el mundo que los rodea (Lo que se ve, se toca y saborea). Como hemos dicho en capítulos anteriores, son materialistas, su enfoque está en el mundo físico.
“A menudo les parece irreal el mundo espiritual que es invisible y más importante. Los adolescentes tienden a creer dos mentiras mortales. La primera es que el mundo material es más real que el espiritual. No es de sorprenderse que la felicidad presente, física y personal parezca más importante que la bendición eterna. Segundo, tienden a creer en la permanencia del mundo físico. No les parece que es pasajero. Les parece que siempre está allí y les parece que está en dondequiera que van” Paul David Tripp.
La Biblia nos plantea una realidad diferente. En el salmo 73 se nos dice que la prosperidad del malo es efímera y que los que se alejan de Ti perecerán. Al igual que perecerá este mundo.
Pablo en 2 Corintios 4: 16-18 nos lo explica así: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.
Pablo hace énfasis en lo que no vemos; su enfoque está en lo espiritual. Lo material y físico, es temporal.
Jesucristo nos dice en Mateo 16:26: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”.
“Juan nos advierte en su primera epístola a no amar al mundo ni nada que esté en el mundo (1 Juan 2:15). Este tema está por todas partes en la Escritura” Paul David Tripp.
Los adolescentes viven centrados en lo físico y pasan desapercibido el mundo espiritual. No se ubican dentro de la guerra que viven, sino viven como si reinara la paz. Por eso con facilidad se pueden entregar al placer, a los lujos y la diversión. Ellos viven para sus deseos y anhelos. Contrario a esto, cuando se vive en una guerra, el enfoque es completamente distinto.
“La Escritura dice que la ¡vida es una guerra!” Paul David Tripp.

Los que son sabios, maduros y piadosos giran alrededor de lo espiritual; lo viven en cada situación de su vida.
Nuestro propósito debe ser que nuestros adolescentes consideren las implicaciones espirituales en todo lo que hacen y en todas las situaciones que se encuentren. Para que lo logren, nosotros debemos dar el ejemplo, teniendo una mentalidad espiritual y viviendo conscientes de la guerra en la que nos encontramos.
Hay dos cosas que no nos impiden enseñar a nuestros hijos a vivir y luchar en esta guerra espiritual.
En primer lugar, nuestra tendencia es preocuparnos por lo que se ve y no por lo que no se ve. Por esta razón, perdemos los momentos de oportunidad con nuestros hijos, para enseñarles la lucha espiritual que tienen en cada situación. Partamos de nosotros mismos, ¿Qué es importante para nosotros? ¿Demostramos con nuestros hechos lo que profesamos creer? ¿Nuestra vida refleja lo que queremos lograr en la vida de nuestros hijos?
En segundo lugar, hay un mal entendido de lo que significa guerra espiritual. Creemos que esta lucha es algo raro. Sin embargo, la Biblia plantea que esta lucha espiritual, es la vida cristiana en sí.
Pablo resume todo lo concerniente a esta guerra espiritual en Efesios 6: 10-18:
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.
“Nuestros adolescentes necesitan aprender a pelear la guerra y a usar el equipo de batalla que el Señor ha provisto” Paul David Tripp.
Para que nuestros hijos soporten esta lucha espiritual, es necesario que tengan consciencia del mundo espiritual donde se libra esta guerra. Necesitan conocer quién es su enemigo, conocer bien las armas que tienen y cómo usarlas. Y necesitan aprender cómo vivir en victoria día a día.
“La guerra espiritual no sólo ocurre donde vivimos, sino es lo que vivimos” Paul David Tripp.
Pablo nos dice que nuestro pensamiento debe ser horizontal y vertical en cada una de las situaciones que se nos presentan, sabiendo que hay luchas espirituales en cada circunstancia. “Así que nos dice que estemos alertas a las asechanzas del diablo, que permanezcamos firmes en el poder del Señor, que nos vistamos de toda la armadura de Dios y que oremos. Existe una guerra allí afuera. No es un aspecto de la vida cristiana, es la vida cristiana misma” Paul David Tripp.
Lamentablemente no estamos alertando a nuestros adolescentes sobre esta batalla, ni los estamos preparando para que vivan en victoria como hijos de Dios.
Nuestra meta debe ser que nuestros hijos vivan alertas al mundo espiritual que los rodea. Debemos ser instrumentos de Dios, para que nuestros hijos se conviertan en adultos conscientes de las implicaciones espirituales en todo lo que hagan. El gran desafío es que nuestros hijos vivan en este mundo que se ve, pero que vivan por lo que no se ve.

CUALIDADES DE UN GUERRERO ESPIRITUAL
¿Cómo debe ser un adolescente que está consciente y vive esta guerra espiritual?

1.      TEMEROSO DE DIOS
Un temor real y de corazón. La vida espiritual debe estar fundamentada en el temor a Dios. Este temor es el principio de la sabiduría. El necio vive solo el momento y solo lo que puede ver.
Debe hacer lo que hace por Dios, por Su voluntad y para Su gloria. El temor a Dios nos debe motivar a vivir una vida que agrade al Señor y no para nuestro propio deleite o el de los demás. Debemos hacer las cosas por amor, reverencia y adoración al Señor. Debe de ser impensable el desobedecer a Dios.

2.      SUMISIÓN A LA AUTORIDAD
“Si una persona teme a Dios será sumisa a las autoridades que Dios ha puesto en su vida” Paul David Tripp.
Como autoridad hemos sido puestos por Dios, para evitar el pecado en la vida de nuestros hijos. Si nuestros hijos tienen consciencia de su pecado y quieren vivir piadosamente, no se deben oponer a nuestra autoridad, o cualquier otra autoridad en su vida. Sino más bien, deben apreciarla y someterse a ella.
“Algo no anda bien cuando un adolescente ve a la autoridad como algo negativo o punitivo. Nuestra meta es enseñar a nuestros adolescentes a admitir su necesidad de la autoridad ordenada por Dios y la importancia de su sumisión voluntaria a ella” Paul David Tripp. Nuestros hijos deben necesitar, desear y estar agradecidos por las autoridades que Dios ha puesto en sus vidas.
Esta meta puede resultarnos un poco contradictoria. En primer lugar porque culturalmente hemos aceptado la rebelión de nuestros adolescentes, como algo normal y típico de su edad. Y en segundo lugar nos parece difícil de lograr algo, que no logramos cuando nuestros hijos estaban pequeños y nos dedicamos a complacer sus caprichos y aguantar sus rabietas.
“Ahora que nuestros hijos son adolescentes, no tienen un corazón de apreciación por nuestra autoridad. No ven la necesidad de someterse a ella. No entienden por qué no estamos excusando su rebelión como solíamos hacerlo, y porqué ahora les estorbamos el paso” Paul David Tripp.
Debemos entender que rebelarse en contra de la autoridad, no está bien, a ninguna edad. Rechazar la autoridad terrenal, es rechazar la autoridad celestial. Y el rechazar la autoridad de Dios, significa creernos dios.

3.      SEPARACIÓN DE LOS MALOS
Un adolescente temeroso de Dios, buscará estar con otros adolescentes temerosos de Dios.
“Si un adolescente está en serio en su deseo de participar en la guerra espiritual, si está seriamente buscando vivir una vida agradable al Señor, y si está viviendo en una sumisión voluntaria a las autoridades en su vida, entonces el deseará pasar su tiempo con gente que comparta sus valores” Paul David Tripp. Nuestros hijos deberían sentirse incómodos y fuera de contexto con jóvenes rebeldes, que no tienen interés por las cosas espirituales, ni tienen temor de Dios.

4.      HABILIDAD DE PENSAR EN LA FE Y APLICARLA A LAS SITUACIONES DE LA VIDA
Para vivir una vida que honre a Dios, nuestros hijos necesitan conocer profundamente Su Palabra y aplicarla a las situaciones de la vida. No basta con el conocimiento bíblico, necesitan enfrentar la vida con la sabiduría de Dios.
Muchos jóvenes no están preparados para esta guerra espiritual, porque no han sido enseñados a pensar bíblicamente. A pesar de asistir a la iglesia desde pequeños, no piensan conforme a lo que dice la Biblia. Para ellos es un libro más de historia y moral. Tienen mucho conocimiento, pero no tienen sabiduría. No aplican este conocimiento de la Palabra en forma útil y funcional en la vida, sino que viven en forma necia.
“Debemos disciplinar a nuestros hijos a pensar bíblicamente, a interpretar todos los eventos de la vida desde una perspectiva bíblica. Debemos enseñarles siembre a preguntar cómo puede la Biblia ayudarles a entender cualquier cosa que estén considerando” Paul David Tripp.
Lo ideal es que vean la vida, las amistades, las diversiones, lo que aprenden, el noviazgo, el matrimonio, la familia, el pasado, el presente y el futuro, su carácter, lo correcto e incorrecto, los sentimientos y emociones, así como todo lo que comprende la vida, desde la perspectiva de la Palabra de Dios. “La meta es que este punto de vista consistentemente bíblico les habilite a reconocer lo que es sabio pensar y hacer en cada situación” Paul David Tripp. Debemos entender que con gritos, órdenes y enojos, no lo lograremos. Requerirá de todo nuestro tiempo, amor y paciencia. Es importante que esta verdad bíblica sea una realidad en nuestras vidas. No podemos ser ejemplo para ellos, si no lo practicamos en nuestra propia vida.

5.      CONSCIENCIA BÍBLICA DE UNO MISMO
Como hemos dicho en capítulos anteriores, los adolescentes no son muy conscientes de sí mismos. Están muy pendientes de cómo actúan los demás con ellos. Se preocupan por su apariencia física, lo que piensan y lo que sienten es muy importante para nuestros adolescentes. Pero por lo general, no tienen una consciencia de su corazón, no están conscientes de lo que la Biblia demanda de ellos. Esto lo podemos corroborar cuando por algún motivo les hacemos un llamado de atención por algo incorrecto que hicieron. Por lo general reaccionan diciendo que los hemos ofendido y se sienten heridos, que los estamos acusando sin motivo, o simplemente que estamos en un error y los juzgamos equivocadamente.
“Un adolescente que tiene una visión exacta de sí mismo no sólo responderá bien a la ayuda de sus padres, sino que tendrá la iniciativa de buscarla. Estará consciente de su debilidad espiritual y recibirá con agrado los recursos que Dios le ha puesto en la vida. No buscará excusas, se defenderá, discutirá o echará la culpa a otro cuando le sea señalado su mal proceder. No tendrá más alto concepto de sí mismo que el que debe tener (Romanos 12:3)” Paul David Tripp. ¡Solo Dios puede lograr algo tan maravilloso!
Generalmente los adolescentes no siguen el consejo de la Palabra de huir de las pasiones juveniles; no toman medidas en contra de caer en pecado, porque se creen más fuertes y maduros, de lo que en realidad son. Caen en la mentira de poder jugar con fuego, sin quemarse.
No podemos desaprovechar ninguna oportunidad, para confrontar a nuestros adolescentes con la Palabra de Dios, a fin que se vean como son y no como creen ser. Tengamos cuidado con nuestras reacciones (enojo, ira, violencia, frustración) porque podemos cerrar su corazón, alejarlos y hacer que se engañen.
¿Qué es estar bíblicamente conscientes de sí mismos? Se refiere a que nuestros hijos tengan un conocimiento veraz sobre su debilidad, la tentación y el pecado. Si bien es cierto que todos somos pecadores, también es cierto que mi pecado no es el mismo que el de los demás, pecamos en forma diferente. Tenemos luchas y tentaciones distintas. “El adolescente alerta espiritualmente sabe en dónde es susceptible a la tentación y ese conocimiento le ayuda a tomar medidas protectoras en contra de ello” Paul David Tripp.
Que no nos sorprenda ver a nuestros adolescentes caer vez tras vez en el mismo bache espiritual, por el desconocimiento de su corazón.
“Una de las cosas más útiles que espiritualmente podemos hacer por ellos es ayudarlos a ver con anticipación el camino de la vida, viendo dónde les puede golpear la tentación y enseñándoles cómo evitarla. A medida que hagamos esto, ellos crecerán en consciencia de sí mismos y en su apreciación por la misericordia y gracia del Señor que les ayuda en el tiempo de necesidad. También comenzarán a ver a sus padres no como jueces y carceleros, sino como los recursos provistos por Dios para ayudarles a pelear en las batallas más importantes de la vida” Paul David Tripp.
En tiempos difíciles, no basta con que hagamos juicios sobre lo que están haciendo mal e imponerles un castigo. Es sumamente necesario que nos tomemos el tiempo para que hablemos, discutamos, evaluemos, interactuemos y nos involucremos en la vida de nuestros hijos y le roguemos a Dios use estos momentos de oportunidad para abrir sus ojos y se vean tal cual son y reconozcan que necesitan a Cristo.












Alma Leticia Villela

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