viernes, 16 de octubre de 2015

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 3
Una definición de FAMILIA
La historia registra un sin número de debates en los que se ha pretendido responder a la gran pregunta… ¿Qué es una familia?
Sin entrar en ningún tipo de controversia o debate, en este capítulo se pretende hablar de la funcionalidad de una familia y más importante aún, conocer el propósito de Dios al crear la familia. Nos interesa conocer la intención y voluntad del Señor respecto a la familia; ya que este conocimiento marcará las metas y acciones que emprendamos con nuestros hijos. Y puntualmente, nos hará saber qué es lo que Dios quiere que hagamos con nuestros hijos adolescentes.
En nuestra vida familiar, “es vital que estemos informados, preparados y actuemos bíblicamente” Paul David Tripp.

                                                                   LA FAMILIA
La comunidad principal de aprendizaje establecida por Dios
En Jueces 2:6-15 se describe una triste situación familiar, que revela la importancia que Dios le da a la familia. En este relato vemos que la primera generación de Israelitas, “No conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel” Jueces 2:10. ¿Cómo es posible que esta nueva generación de Israelitas haya crecido sin saber cómo el Señor los protegió, proveyó y liberó de la esclavitud al pueblo de Israel? Pudiéramos pensar y responsabilizar a los profetas y sacerdotes de Israel; sin embargo, no fueron ellos quienes actuaron negligentemente. “La falla fundamental fue que la familia falló en hacer lo que Dios quería que hiciera” Paul David Tripp.
En Deuteronomio 6, Dios muestra Su propósito para la familia. Si puedes leer este capítulo, entenderás bien cuál es este propósito. En esencia, lo que el Señor nos quiere decir es: “He diseñado la familia para que sea mi comunidad primaria de aprendizaje. No existe un mejor contexto para enseñar las verdades que necesitan ser enseñadas para que la gente viva de la manera como debe vivir” David Paul Tripp.
A los padres Dios nos ha dado la familia, como nuestro salón de clases, para que les enseñemos cuál es Su voluntad en sus vidas.
Ninguna otra persona tiene las oportunidades que los padres tenemos. Por el hecho de vivir con nuestros hijos y compartir un sin número de experiencias y pasar mucho tiempo con ellos, tenemos oportunidades únicas para instruirlos, corregirlos y guiarlos. Debemos interesarnos e involucrarnos en sus actividades, ser respuesta a sus dudas, ayuda a sus temores, armonía y solución en sus discusiones, consejo en sus dificultades, compañía y amigos sinceros en todos sus momentos. Dios nos manda a hacer buen uso de estas oportunidades.

La familia es el núcleo del aprendizaje. Es nuestra plataforma de enseñanza. El salón de clases de la escuela, está separado de la vida; “pero la vida familiar, es la vida misma” David Paul Tripp. Dios la diseñó para ser una comunidad de aprendizaje; para ser un escenario de enseñanza fértil, dinámica y consistente.
Dios en Su palabra nos ha dado la tarea de ser maestros de nuestros hijos. Es nuestra obligación cumplir en forma efectiva Su voluntad. El arcoíris de momentos que se dan dentro de una familia, son momentos para enseñar. Al hacerlo, nos convertimos en una herramienta para la obra redentora del Señor.
No hay libros, planes de estudio, ni horarios que cumplir en la enseñanza dentro del hogar; todo surge de manera espontánea. Por esta razón debemos estar preparados y con los ojos bien abiertos. “Dios nos llama a tomar las oportunidades y a enseñar, enseñar, enseñar” David Paul Tripp.

Llegando a conocer a LOS ESTUDIANTES
Si quieres ser un instrumento de Dios en la vida de tu adolescente, debes estar clara en que tu familia es el aula de clases, que tú eres su maestra y que la vida familiar te dará las lecciones para enseñar.
Si te consideras una de las maestras de Dios, deberás preguntarte ¿Quiénes son mis estudiantes?... Sin duda, estarás pensando que la respuesta obvia, es que son tus hijos. Y lo son, pero para conocerlos, debemos saber lo que la Biblia nos dice acerca de ellos. “Mientras más preciso sea nuestro entendimiento de nuestros hijos, más exitosos seremos para entender lo que Dios nos llama a hacer” David Paul Tripp
De las muchas cosas que la Biblia nos dice sobre los hijos, destacaremos 4 cosas muy importantes acerca de su identidad:

Los hijos son seres del pacto
Esto significa que los hijos fueron creados para tener una relación con Dios. “Fueron hechos para conocer, amar, servir y obedecer a Dios. Los hijos no fueron hechos para vivir vidas autónomas, centradas en ellos mismos y autosuficientes” Paul David Tripp. Lo que nuestros hijos piensan, hacen y dicen, ha sido puesto por Dios y lo deben hacer en amor sumiso hacia Él. Cristo lo señaló en Mateo 22:37-38 como el primer y más grande mandamiento.
Nuestros hijos son adoradores. Preguntémonos, ¿A quién adoran? La respuesta solo tiene dos opciones, servir y adorar a Dios o servir y adorar a alguien más. Sus acciones, deseos, pensamientos, sentimientos, relaciones, etc., expresan su adoración. “Existe una dimensión vertical hacia Dios por cada acción interpersonal horizontal” Paul David Tripp.
La vida de nuestros hijos será controlada por lo que ellos adoren. Cada momento de su vida debería ser de obediencia en adoración a Dios. Nuestros hijos no saben esta gran verdad, por lo que necesitan que nosotros se lo enseñemos.

Los hijos son seres sociales
Dios creó a nuestros hijos no solo para que tuvieran una relación con Él, sino para que también se relacionaran con otras personas. Esto se refiere al segundo mandamiento señalado por Cristo en Mateo 22:39. La meta del ser humano es vivir en comunidad con otras personas, que a su vez, están viviendo en comunidad con Dios. Tenemos el llamado de amar a otros como a nosotros mismos. Dar cumplimiento a este mandato es una batalla; ya que vivimos en un mundo de pecado. A los pecadores se les hace difícil vivir en comunidad, porque el mismo pecado, hace que giren sobre sí y se adoren a sí mismos. Por esta razón, debemos dar gran importancia el vivir en comunión dentro de nuestros hogares. “Mucho de tu trabajo será el resultado de reconocer también que los niños fueron creados por Dios para ser seres sociales, para vivir en una comunidad amorosa unos con otros, y reconociendo que el pecado reemplaza el amor por los demás por un amor idólatra hacia uno mismo” Paul David Tripp.


Los hijos son intérpretes
Nuestros hijos son seres pensantes. Sus pensamientos dan forma a la manera en que viven.
Dios en Su palabra nos dice que hay una manera correcta y una manera incorrecta de pensar en la vida y que este pensamiento moldeará o determinará nuestra forma de actuar.
Nuestros hijos buscarán el sentido a sus vidas. Organizarán, interpretarán y explicarán todo lo que sucede en su interior y exterior. Sus respuestas a la vida estarán determinadas más por el significado que le dan a las cosas que les suceden, que por las cosas en sí.
En la Biblia se nos dice que para interpretar la vida, necesitamos de la revelación de Dios y de Su verdad. Por esta razón, nos dio Su palabra, que es la Biblia.
Después de crear a Adán y a Eva, Dios habló con ellos y les explicó el propósito de sus vidas; porque sabía que no podrían entender la vida por ellos mismos. Al igual que Adán y Eva necesitaron la palabra de Dios para comprender su entorno; nuestros hijos también necesitan esta Palabra para comprender su mundo.
En el capítulo 3 de Génesis, aparece la serpiente, quién tomó lo mismo que Dios había hablado con Adán y Eva, pero les dio una interpretación completamente diferente. Tristemente, ellos escucharon y le creyeron a la serpiente y como consecuencia el mundo cayó en pecado.
“Los padres que entienden que sus hijos son intérpretes hacen todo lo que pueden para lograr que ellos piensen en voz alta y establecen en ellos una perspectiva de la vida distintivamente bíblica” Paul David Tripp. Esto se logra espontáneamente en la vida familiar con nuestros hijos. El hacer buenas preguntas y saber escuchar, será de gran ayuda para entender cómo nuestros hijos están interpretando, dando forma y significado a las cosas que les suceden.
La conversación en nuestra familia debe tomar un nuevo significado y propósito.

Los hijos se comportan de acuerdo con su corazón
Muchos padres tienen como meta lograr que sus hijos hagan lo correcto. Anhelan controlar, dirigir y/o guiar la conducta de sus hijos. Según ellos, este es el corazón de una educación cristiana para sus hijos. A través de premios y castigos muchos padres logran obtener en sus hijos una conducta correcta en lo externo, ya que no se produce un cambio en su corazón.
No basta con establecer límites de conducta alrededor de nuestros hijos. “Nuestra meta es ser usados por Dios para exponer y nutrir el corazón de nuestros hijos para que ellos deseen comportarse de maneras que agraden al Señor” David Paul Tripp.
Darle importancia al comportamiento de nuestros hijos, pareciera ser correcto y además bíblico; sin embargo, puede ser solo algo superficial. “La Escritura no sólo nos llama a obedecer, sino también nos dice qué es lo que controla nuestro comportamiento – el corazón” Paul David Tripp.
Lucas 6:45 nos dice: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Al igual que nosotros, nuestros hijos también se comportan de acuerdo a su corazón. Debemos saber que los pensamientos y los motivos que están en el corazón de nuestros hijos, moldean la forma en la que responden. De manera que, nuestra meta no es enfocarnos en el comportamiento correcto de nuestros hijos, sino que nuestra meta es pastorear su corazón. Pidámosle a  Dios que nos use y ayude a exponer el corazón de nuestros hijos, en cada situación que se nos presente. “La respuesta del corazón y el cambio de corazón son nuestro enfoque porque sabemos que lo que controle el corazón controlará la vida” Paul David Tripp.
El pecado no sólo tiene que ver con la conducta de nuestros hijos, también tienen que ver con los pensamientos y motivos de su corazón. Para que el cambio de comportamiento en nuestros hijos sea permanente, debe producirse un cambio en su corazón.
En Mateo 5:27-28, “Cristo puso los límites no al nivel de la conducta, sino al nivel del corazón. Como padres debemos hacer lo mismo. Nuestra meta suprema es que Dios rija, efectiva y funcionalmente, los corazones de nuestros hijos” Paul David Tripp. ¡No nos conformemos con controlar la conducta, trabajemos en el corazón de nuestros hijos!



Nunca olvidemos que la familia ha sido puesta por Dios, como la comunidad más importante en el aprendizaje. Para que compartamos la verdad con nuestros hijos, de manera consistente y efectiva. Que privilegio, somos los principales maestros de Dios. Si queremos hacer bien nuestro trabajo, debemos conocer bien a nuestros hijos. Debemos apropiarnos de lo que Dios dice de nuestros hijos y entender que la labor educativa, debe ser dirigida por lo que Dios nos dice en Su palabra.




Alma Leticia Villela

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