jueves, 8 de octubre de 2015

Capitulo 2. ¿Los ídolos de QUIÉN están estorbando?

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 2
¿Los ídolos de QUIÉN están estorbando?
En esta etapa tendemos a poner nuestra atención en nuestro adolescente y sus problemas. Y no nos damos cuenta que es tiempo de vernos interiormente y preguntarnos… ¿Qué está controlando nuestro corazón?

Comienza con tu corazón
Si nuestro corazón es gobernado por ídolos, si Dios no es quien dirige nuestro corazón, será muy difícil que veamos la adolescencia de nuestros hijos, como una edad de oportunidad. Si nuestro corazón está mal dirigido, nos hará ciegos a estas oportunidades. Ezequiel 14:4 nos lo explica: “Así ha dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos”.
“Aquello que controla mi corazón, controlará mi vida. Un ídolo de mi corazón siempre pondrá un tropiezo delante de mi rostro”  Paul David Tripp. Si esta es nuestra situación, Dios querrá tratar primero con nosotros y con nuestra idolatría; ya que ésta influye en lo que hacemos y cómo lo hacemos.
Hablemos un poco de los ídolos que frecuentemente tenemos los padres:


El ídolo de la Comodidad
Muchas veces, como padres anteponemos nuestra comodidad y pretendemos ser servidos por los demás.
La vida no es cómoda, es una guerra. Esta guerra, sin duda se hace más evidente en el período de la adolescencia de nuestros hijos. El caos que se genera en esta etapa, no se debe únicamente a todos los cambios que experimentan nuestros hijos, sino también es el resultado de una guerra espiritual que se está llevando a cabo en su interior.
Si los padres estamos esperando que este proceso se desarrolle en forma cómoda y quieta, simplemente no estamos preparados para enfrentar esta guerra. Y corremos el peligro de ver a nuestros hijos como un enemigo, que atenta contra nuestra zona de confort. Tengamos cuidado e identifiquemos a nuestro verdadero enemigo.

El ídolo del Respeto
Como padres anhelamos el respeto de nuestros hijos. Y esto está bien, siempre y cuando esa necesidad no haga que pasemos sobre nuestros propios hijos y sus necesidades. No convirtamos sus debilidades, inseguridades y tropiezos en faltas de respeto hacia nosotros. No permitamos que nuestro anhelo de ser respetados, controle nuestro corazón.

El ídolo de la Apreciación
¡Hacemos todo por nuestros hijos! Cada una de nosotras puede hacer una lista interminable de lo que hemos hecho por ellos. Y es natural que a cambio de todo este esfuerzo y entrega, esperemos que sean agradecidos y aprecien lo que hacemos por ellos; sin embargo, esta no debe ser nuestra meta, ni el motivo de nuestra vida.
¿Por qué lo hacemos? ¿A quién servimos? ¿Qué esperamos? Y más importante aún, ¿Prevalece mi deseo o el deseo de Dios, en las oportunidades que tenemos con nuestros adolescentes?
Que el deseo de recibir aprecio y agradecimiento por parte de nuestros hijos, no se convierta en ídolo dentro de nuestro corazón.

El ídolo del Éxito
Creemos que si hacemos lo que nos corresponde, nuestros hijos también lo harán. A veces, nos apropiamos de ellos y nos involucramos tanto en sus vidas, que podemos basar nuestro éxito, en sus logros. “Comenzamos a ver a nuestros hijos como nuestros trofeos en vez de verlos como creación de Dios” Paul David Tripp.
Equivocadamente, construimos una reputación de éxito con sus logros y aciertos; cuando fracasan o simplemente no llenan nuestras expectativas, nos enojamos con ellos y lloramos por nuestra pérdida. Nuestros hijos no están para dar gloria a nosotros, sino para dar gloria al Señor. Antes de ser nuestros hijos, son hijos de Dios. Y nosotros solo somos instrumentos para cumplir el plan de Dios en sus vidas.

                                       
El ídolo del Control
“La paternidad exitosa es la pérdida de control justa y ordenada por Dios” Paul David Tripp.
No podemos negar que disfrutamos teniendo el control de nuestros hijos. Al principio pareciera que tenemos el control absoluto sobre ellos; pero, aunque nos cueste aceptarlo, desde su nacimiento comienzan la ruta hacia la independencia. Y esa debe ser nuestra meta, que nuestros hijos se conviertan en personas independientes y responsables de sus actos.
Muchas veces queremos mantener este control, porque nos parece que de esta forma les brindamos seguridad. Y la verdad, tenemos que entender que solo Dios puede proteger y guardar la vida de nuestros hijos. Debemos descansar en que el Señor tiene control de cada uno de ellos y control de cada una de las situaciones que enfrentan. Nosotros no podemos hacer el trabajo de Dios.
Debemos fomentar y respetar que nuestros hijos tengan sus propios gustos, su propio pensamiento y su propia conducta. No pretendamos hacer réplicas con nuestros hijos.
Si nuestros corazones están siendo guiados y controlados por estos ídolos, no podremos ser de ayuda a las necesidades de nuestros hijos. La ira, la frustración y el desánimo no permitirán que identifiquemos los momentos de oportunidad y seamos instrumentos en las manos de Dios.



Alma Leticia Villela



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