miércoles, 19 de agosto de 2015

Para cuando la vida no esta bonita

La vida a veces no está bonita. Así decía uno de mis hijos cuando era pequeño y algo que no le gustaba sucedía  Las cosas, las personas y las situaciones se vuelven impredecibles, dolorosas y angustiantes cuando los cambios son bruscos, o simplemente inesperado  y nuestro corazón se llena de miedo y duda ante el futuro.  Sea alguien que se va de nuestra vida, un revés financiero, una enfermedad complicada, la incertidumbre nos habla de inquietud, de no reposo. Por eso, como te decía al inicio, definitivamente la vida a veces no está bonita.

Por eso leer despacito el salmo 23 ha sido deleite, necesario y liberador para este mundo lleno de vuelta, giros y enredos. Son 6 versos apenas donde el salmista, David, está derramando su alma en afirmaciones contundentes que nos recalcan, una y otra vez: Dios es Bueno, Dios me protege. Y ya sabes que este salmo lo escribió David, perseguido y acosado por Saúl... a pesar de que David ya había sido ungido como rey de Israel. Es decir, la vida no estaba bonita para David. Y creo que justamente por eso, en medio de lo que vivía el valle de sombra  y traición- rememoró sus días de pastor de ovejas y escribió, por inspiración divina, esta hermosa y conocida porción de las Escrituras.

Y llega a ti y a mí en momento donde quizá todo se está cayendo, o alguien está destruyendo tu paz, y de tu condición de hija de Dios, comprada por precio, salvada por el Cordero, no te acuerdas mucho. Por eso cada una de las afirmaciones que hace David es demostración, del corazón que tenía para el Señor. Dirigido a Él, enfocado en El, confiado en El.

Por eso el último versículo es el colofón de una historia de fe y confianza en Cristo, a pesar de los pesares:

Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre. Salmo 23:6 NTV


Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días. Salmo 23:6 RVR1960

Ciertamente, inicia el versículo. O sea,  En verdad indudablemente, por supuesto, sin duda, desde luego. .  Un hecho consumado. Así habla David de la bondad de Dios. De los planes que tiene para la vida de cada uno de nosotros, ovejas de su prado. Si hoy miras atrás tu vida, estoy segura de que aquello que tanto dolió, que tantas preguntas dejó en tu vida y en tu fe, se ha manifestado en un propósito que ya has vivido o que estás por vivir. . Tuvo una razón. Tiene un motivo, que no es el tuyo, sino el de Dios.
Debo confesar y admitir que me encantaría que mi corazón hablara siempre así, de  un Dios que protege, que consuela, que cuida y que aún en medio de calores de la vida intensos, nos invita a vivir bajo Sus alas, a Su sombra. Me encantaría que cada una de las cosas que digo, fuera una alabanza a Su nombre, que cada cosa que hago sea en honor a Cristo. Pero la realidad es que con más frecuencia de la que quisiera, me asusto, me inquieto, me quejo.

Pero ¡ah, la misericordia de Dios! … ¿Dónde estaríamos sin ella? ¿Dónde andaríamos si no supiéramos y viviéramos a la sombra de este Dios Misericordia...? Me impactó leer en algún libro que de momento no recuerdo cuál es- que la palabra misericordia, en su significado original, alude al cuidado que una madre tiene por su pequeño recién nacido. Delicadeza, cuidado, ternura, protección y una enorme paciencia. Es lo que requiere un bebé. Y es lo que recibimos de Dios a través de Jesús: sin nada a cambio, pero con todo a nuestro favor.

Dice también el versículo: Me seguirán Su bondad y Su misericordia hacia sus hijos, los seguirán por todas partes. Porque Él es fiel. Por eso sigue, aunque nosotros queramos huir. Por eso persiste en amarnos, aunque nuestro amor diste tanto de ser algo aceptable. Por eso permanece sin cambio porque Él es Eterno, Fiel, sin cambio, por todos los días de nuestra vida.

¿No te encanta eso? Todos los días de nuestra vida terrenal están guardados en las manos de Dios. Nada hay que se escape. Cada momento en este mundo incierto, es controlado por El. No hay azar, no hay coincidencia. Así será mientras andemos por este valle de lágrimas.
Y cuando llegue el tiempo de irnos, de morir, gloria a Dios por Jesús, que ha subido, en su gloriosa resurrección, a preparar morada en la casa de Su Padre. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 
Ahí estaremos, en la vida eterna y al lado de Dios y de Jesús. Así cierra este hermoso, delicado salmo. Este salmo que anima y vivifica, y es refugio en tormenta y luz en terrible oscuridad. Aquí, nos hallamos tú y yo, ovejas y el Príncipe de los pastores, Jesucristo, el hijo de Dios.

En su nombre hay sanidad, consuelo y redención cuando te toca uno de esos días, donde la vida no está bonita. ¡Bendito y alabado sea Su nombre ¡


Claudia

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