sábado, 9 de mayo de 2015

Mamas instruidas

Mamas Instruidas
Sé que como mamá, muchas veces me siento totalmente rebasada por las necesidades de mis hijos. Que muchas veces, siendo ellos pequeños y yo una no creyente, me preguntaba si acaso Dios sabía la clase de madre que era y cómo es que se me había hecho madre, no de uno, sino de tres pequeñajos.

Eso pensaba, muchas veces  en las tardes en el parque, cuando cansadísima, llevaba a mis chicos a llenarse de lodo, para que se cansaran y se durmieran temprano, y yo tuviera tiempo para... mí.  Sé que le pregunté a Dios, e incluso, renegué de lo que vivía. ¿Se habría equivocado Dios? Pero sabes, Su misericordia todo lo alcanza y El es nuestro Padre y conoce a sus hijas con exactitud.  Y Dios sabe que la maternidad en la vida de las mujeres, es una larga conversación entre nosotras, y El.

Cuando vengo a Jesús, aprendo que  el punto central de la vida del ser humano, es su relación con Dios, a través de la salvación de Jesús.  Que el ejemplo de Jesús cambia vidas, y si a ti te ha pasado como a mí, que llegaste adulta a Cristo, estoy segura que tu concepto de la maternidad ha sido radicalmente opuesto a lo que en un principio creíste.

 Como madre cristiana sabes que desde el vientre, Dios ama a sus hijos y concede a todas las mamás, la capacidad para amar de esa misma manera. Sin verlos, pero sintiéndolos.


+  Como madre creyente, Dios te permite recordar tu papel de hija (de ´El y de tus padre terrenales) para amar a tus hijos a la manera incondicional del Padre Bueno. Ser mamá requiere tener la memoria fresca de cuánto se nos ha perdonado, para así poder perdonar.

"Antes SED benignos unos con otros, MISERICORDIOSOS, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."

Quizá antes no sabias, pero hoy entiendes que ser madre cristiana es aprender, duramente, que hay una cruz para cargar diario. Y no es mi intención decir que la maternidad es algo para sufrir. No, no, y no. Pero sí, la maternidad es una condición del alma que muchas veces implica hacer lo que no nos apetece, servir sin cesar, y ceder mucho o todo nuestro tiempo en favor de los hijos. La maternidad es la dulce oportunidad de mirar la vida, a través de lo que dice el Hijo perfecto, Jesús:

"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, Y sígame." Lucas 9:23

Ser mamá cristiana significa mirar la vida de tus hijos, a la manera del salmista, como una herencia de Dios. El Señor los puso en mí, y por lo tanto, le pertenecen. Como padres, como mamá, soy una simple "administradora" de estas preciosas criaturas llamadas hijos. Y si administradora, entonces, soy una empleada, una sierva del Señor. Por tanto, como debo de hacer lo que diga mi Amo. Y mi  Amo dice en Su palabra:

"Instruye al niño en su camino, y  aun cuando fuere viejo no se apartará de él. " Proverbios 22:6

Y el mejor camino es Dios. Siempre.  Y como mamás, tenemos la hermosa oportunidad de aprender a cultivar en nuestros hijos, la semilla de fe que Dios ya ha sembrado. Acompañarlos en su cuidado. Acompañarlos en el descubrimiento de que hay un sólo Dios, y un sólo mediador ante el Padre, y ése es Jesús.  Acompañarlos y orar. Orar por cada cosa de su vida. Orar por que en verdad le ame a Él. Le busquen a Él. Le sirvan a Él.

Querida amiga y lectora, ser mamá es una oportunidad y privilegio que no todas las mujeres pueden tener. Y si Dios te ha dado la dicha de concebir y parir o adoptar a un hijo, vamos a requerir de la gracia constante de Jesús para realizar esta chamba de modo gozoso, alegre, aunque el esfuerzo a veces sea mucho y la demanda, incesante. Vamos a requerir una gran dosis diaria de Jesús, para aguantar el equilibrio cuando los hijos, la casa, el trabajo y el esposo jalan cada quien para su lado, y tú y yo simplemente no damos más.

Que sea la espléndida, inexplicable y extravagante Gracia de Jesús, llenando nuestra vida de oración y desbordando nuestra vida diaria. Que su gracia se vierta en nosotras, y se derrame, abundante, en el precioso regalo de la maternidad.

Que las palabras de Moisés, hablando al Señor sean nuestra oración:

 "Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad"

Somos Su herencia, querida hermana, pero también tenemos este corazón terco que tiende al pecado. Aunque seamos unas dulces mamitas por fuera es necesario orar, clamar al Señor que ande entre las madres de su pueblo. Que Su espíritu sea evidente en cada acto de nuestra maternidad, y que Su precioso Hijo, Jesús, sea el pastor de nuestro rebaño casero.

¡Bendiciones y que Dios nos ayude!
Clau Sosa
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