viernes, 27 de febrero de 2015

El último mandamiento

No Codiciarás…
El último de los mandamientos es una prohibición a desear lo que le pertenece a otros. “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” Exodo 20:17

El Señor nos manda a no desear la propiedad, el cónyuge, matrimonio, familia, trabajo, riquezas, posición social, etc. de nuestro prójimo.

Este mandamiento tiene que ver con nuestras actitudes y no tanto con nuestras acciones; por lo que nos confronta con nosotras mismas y nos obliga a hacer un análisis introspectivo, sobre qué es lo que controla nuestra vida y qué está gobernando nuestros motivos.

La codicia nunca se satisface, sino que continúa creciendo y demandando más. De una manera irresponsable el codicioso se concentra insensiblemente en sus propias demandas.

El diccionario la define como: Deseo, apetito ansioso y excesivo de bienes o riquezas.



El término original hebreo es Kamath. Significa simplemente desear algo o deleitarse en ello. Esta palabra en la Biblia, no siempre se usa en un sentido negativo. Por ejemplo, en Cantares 2:3 se usa cuando la amada dice: “Bajo la sombra del deseado me senté”. En la vida podemos deleitarnos en muchas cosas sin que sea pecado. El término codicia tiene un sentido negativo cuando se trata de un deseo pecaminoso, como se cita en Proverbios 6:25 en relación con la prostituta: “No codicies su hermosura en tu corazón”.

Es una línea muy fina lo que separa un deseo correcto y una codicia pecaminosa. Este último mandamiento no va en contra de desear o anhelar algo, sino de codiciar lo que pertenece al prójimo.

Muchas veces nuestro problema no es lo que poseemos, sino el que los demás tengan más cosas que nosotros. Este mundo pretende hacernos creer y sentir que necesitamos tener cada vez más cosas. Nos quiere seducir y hacer poner nuestra mirada en las posesiones de los demás, para hacernos codiciar los bienes de nuestro prójimo y hacernos pecar.

Satanás quien es el príncipe de este mundo, disfrazará la codicia de diferentes maneras como ser:
1.      Querer las cosas equivocadas. Querer poder, riqueza, control, gloria para nosotros mismos por egocentrismo, sin pensar en servir y compartir con los demás.
2.      Querer cosas correctas por razones equivocadas. Anhelar cosas buenas por egocentrismo, reconocimiento personal, para tener poder sobre los demás.
3.      Querer las cosas correctas en el momento equivocado.
4.      Querer las cosas correctas en la cantidad equivocada. O sea, querer mucho más de lo necesario.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” Romanos 8:37. Gracias a la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo, sabemos que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida para que podáis soportar” 1 Corintios 10:13

            En la Palabra de Dios encontramos tres salidas que nos ayudarán a vencer la codicia en nuestras vidas:
1.      El Contentamiento: Pablo dijo “he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación” Filipenses 4:11
2.      La Generosidad: “Aprendamos a ser ricos en buenas obras, dadivosos y generosos para atesorar para la vida eterna” 1 Timoteo 6:18
3.      La Fe: “Confiemos que Dios nos da todas las cosas en abundancia para que disfrutemos de ellos” 1 Timoteo 6:17

Es mi oración que el Señor nos ayude a cultivar estas virtudes en nuestro corazón y nos de la fuerza para seguir los deseos de la voluntad de Dios y no ser gobernados por nuestros propios deseos.

Lectura Complementaria: Mateo 6:19 – 21, Mateo 6:24


Alma Leticia Villela


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