domingo, 7 de diciembre de 2014

María y el ángel

María y el ángel
foto editada por Edurme


Lucas 1:26-38 relata una interesante conversación entre el ángel Gabriel y María.

María era una joven de Nazaret, en Galilea. Es descrita como una “virgen desposada”, lo que nos hace pensar que era una mujer muy joven, una muchacha todavía en el momento en el que el ángel Gabriel fue a darle su mensaje…

…¿Te imaginas que estés tranquilamente en tu casa y de repente aparezca un ángel? Creo que no hace falta ni que abra la boca, ¡la mayoría de nosotras nos caeríamos de la silla de una vez!

El ángel Gabriel tenía un maravilloso mensaje que dar a María…

…has hallado gracia delante de Dios.
…concebirás en tu vientre.
…darás a luz un hijo.
…llamarás su nombre Jesús.
…Este será: grande, será llamado Hijo del Altísimo, el Señor le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob, su reino no tendrá fin…


Me imagino a María ahí, intentando digerir todo lo que el ángel le estaba diciendo y con su cerebro funcionando a mil. Esta mujer, a pesar de su juventud, conocía muy bien la Escritura. Lo comprobamos al leer el Magnificat de María en Lucas 1:46-55, que contiene 15 citas discernibles del Antiguo Testamento. Contiene citas de Salmos, Habacuc, Isaías, Génesis, Éxodo, Job y Jeremías. María era consciente de las profecías que hablaban sobre el Mesías. Y Gabriel le había dicho palabras claves por medio de las cuales podía hacer la asociación entre el Mesías, el Salvador, y el niño que ella iba a concebir.


María le preguntó a Gabriel cómo iba a ser posible que ella se quedara embarazada si aún era una mujer desposada, es decir, estaba comprometida con José y este era un compromiso firme de tanto valor como el matrimonio (Génesis 29:21; Deuteronomio 22:23-30). Pero hasta que el matrimonio no se celebrara, no vivían juntos, por lo tanto, María no había conocido varón todavía.


Y Gabriel continúa con la conversación explicándole cómo eso iba a poder pasar…


…El Espíritu Santo vendrá sobre ti
…El poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra

Y la respuesta de María no dejará de asombrarme nunca…


He aquí la sierva del Señor. Hágase conmigo conforme a tu palabra.


No sé a ti, pero a mí se me ponen los pelos de punta cada vez que leo ese versículo. María podía haberle dicho al ángel todas y cada una de las razones por las que ella no podía ser la mujer que estaba buscando: José podía repudiarla, la vergüenza y el escarnio público eran inevitables, era demasiado joven… Pero nada de eso salió de su boca, tan solo dijo:

He aquí la sierva del Señor. Hágase conmigo conforme a tu palabra.


A veces el Señor nos pone por delante grandes desafíos para los que creemos que no estamos preparadas y nos llenamos de excusas, peleamos con Dios y exponemos con detalle cada una de las razones por las que no podemos obedecer aquello para lo que Él nos está llamando.

Si no haces aquello a lo que el Señor te está llamando con la misma disposición que María, vas a perder la bendición.

¿Te imaginas que María hubiera dicho “no quiero saber nada de eso” o “no quiero correr el riesgo”? Hubiera perdido la bendición más grande jamás soñada: tener en Su vientre al Mesías, al Hijo de Dios.

Y tú no sabes las bendiciones que vas a perder por el camino cuando te cierras a obedecer la voz de Dios. No va  ser fácil. No va a estar libre de problemas, obstáculos y pruebas. Pero ¡ah! Vale la pena.

Así que, mientras reflexionamos en esta bella conversación entre María y el ángel, quiero animarte a que hagas tuyas las palabras de María y que la próxima vez que Dios te llame a hacer algo difícil ganes tu bendición y tu respuesta sea:

 He aquí la sierva del Señor. Hágase conmigo conforme a tu palabra.


Contenta en Su servicio,


Edurne
ElViajedeunaMujer.com
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