domingo, 9 de marzo de 2014

Limites

Lic. Silvia Cordero Ayala
En una ocasión leí acerca de los caballos salvajes. Que aunque no han sido domados están cercados. Pues han observado que si los dejan completamente libres y sin límites se vuelven a la locura.

¡Guau! Quién fuera a pensar que el poner límites es algo que nos ayuda para tener estabilidad emocional. Pues aún el Creador  ha puesto límite al anchuroso mar.
¿Para qué son los límites?
En Génesis  2:15 -17 encontramos como Dios puso un límite a los dos primeros habitantes de la tierra a Adán y Eva; el límite fue que no debían comer del árbol de la ciencia del bien y del mal:
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”


Sabemos que ambos no tenían pecado, sin embargo, ¿por qué probarlos? ¿Por qué ponerles un límite? Si lo vemos desde una óptica puramente humana, diríamos que eso fortalecería su carácter; ¿cómo desarrollarían obediencia y tolerancia a la frustración si no existiera el límite que los pondría a prueba?
Es decir, el tener límites nos da seguridad que no pasará nada que yo no pueda tolerar o soportar. Dentro de nuestras leyes existe lo que se le llama “Estado de derecho” donde nos asegura que nada, ni nadie puede estar por encima de las leyes o dejar de cumplir, que nos dan seguridad en nuestra persona y en nuestras posesiones. Salimos a trabajar, a estudiar, hacer nuestras actividades como ama de casa, hijo, abuelo etcétera porque sabemos que hay leyes que protegen nuestra integridad. En otras palabras nos es puesto un límite que no debemos romper por seguridad propia.



En ocasiones, cuando escucho a los adolescentes quejarse de las reglas que hay en casa les contesto que “la libertad” de no hacer nada y no tener quien les ordene o les ponga reglas ¡no existe! Pues aún si nos fuéremos a vivir a un hotel, el mismo tiene una serie de normas o reglas para cumplir y respetar –con todo y que estamos pagando por el servicio-
Entonces, uno de los primeros beneficios de poner límites a través de reglas o normas a seguir es por nuestra seguridad  para no sufrir daño en nuestra persona y posesiones.

Otro, es desarrollar tolerancia a la frustración, desde el aspecto psicológico, una de las tareas de los padres es dar a sus pequeños hijos, unas cuantas dosis de frustración  para que vayan adquiriendo esa tolerancia tan necesaria para enfrentar las dificultades de la vida.
*     ¿Cómo pueden los padres dar esa dosis de frustración a sus hijos menores de 6 años? Desde que son bebes antes de cargarlos por el más mínimo balbuceo o expresión de incomodidad,  y ya que ha revisado que no tienen ningún gas que expulsar, que su pañal está limpio y que no hay nada que dañe su cuerpo. Entonces hay que dejarlos llorar por un  rato. Nuestros abuelos decían que había que dejarlos llorar para que sus pulmones se fortalecieran, yo no podría decir que está comprobada esta aseveración; pero lo que sí, es que sería un niño con mayor tolerancia a la frustración.
*     Para los niños mayores de 6 años hasta los 11 es no dándole todo lo que pida y en el momento en que lo exige. Por ejemplo, si lo quiero seguir motivando en el estudio se puede ir  apartar un juguete –no caro- de la preferencia de su hijo y que lo acompañe hacer los pagos, hasta que llegue el día de las calificaciones finales donde juntos recogerán ese premio.

Un tercer beneficio, es que los hijos que aún permanecen bajo nuestro techo, se sienten seguros cuando hay reglas claras en casa y que se cumple con las consecuencias cuando no se llevan a cabo. Como lo fue con Adán y Eva, Dios les dio el mandamiento claro al igual que la consecuencia de no cumplirlo. Nuestros hijos  se sienten amados, que se les pone atención, que son importantes para nosotros cuando les damos a conocer cuáles son las reglas a seguir.

Cuando nuestros hijos son pequeños y hacen el drama de tirarse al suelo, patalear, gritar, llorar, lo que están diciendo atrás de esta conducta es “por favor ayúdame a controlarme” “no me dejes sin límites” “ponme un hasta aquí”.


Los resultados de una vida sin LÍMITES
Como adultos nos quejamos de la impunidad que vemos en nuestras autoridades, o de las injusticias que se cometen; sin embargo, ¿con cuánto de eso participamos al  educar a nuestros hijos sin límites? ¿al hacerles creer que tienen el derecho de violentar la vida de otros rompiendo la armonía de una reunión al exigir que “se le cumplan sus gustos”?¿Qué más de una vez nos desvelan porque al “rey” de la casa –o sea, al bebé- se le antoja un biberón con leche a sus tres años?
Tristemente he observado con cada generación nueva que llega a las aulas a nivel bachillerato, que los adolescentes no saben esperar su turno para hablar, se paran para hablar con el compañero cuando estoy explicando una clase, otro trae audífonos escuchando música sin importar que pasa a su alrededor, no saben vivir en comunidad, señoritas y chicos se tratan de igual manera, no les importa reprobar las materias por faltas pues llegan tarde a ésta… se quejan por el trato “injusto” de los maestros cuando uno de ellos no les da permiso ir al baño porque ya es la 4ta vez que ha salido del salón, ponen su queja de Derechos Humanos por ese trato…a nosotros como docentes nos toca el papel de reforzar su formación o educación que traen de casa; la realidad es que sentimos el peso de la educación en nuestros hombros porque los padres no han conocido la importancia de poner límites y reglas claras en casa, mucho menos el que hay consecuencias por no cumplir con ellas. Al citar a los padres de familia es donde nos damos cuenta que no es el muchacho el responsable total de su falta de atención, de tolerancia, de empeño. Sino de los padres que siguen pensando que si se les da todo lo que piden, que no se les exija trabajar y que no tengan responsabilidades en casa y que si nosotros como docentes dejamos de ser “tan exigentes” con sus tareas escolares sus hijos alcanzarán la felicidad.
Lo anterior es la mentira más grande que nos enseña este sistema del mundo.
Lo que veo no es un puñado de jóvenes sin límites, son jóvenes, adolescentes que no han sido amados lo suficiente para ponerle la atención debida con los límites que les harán crecer seguros, aceptados, con la fuerza suficiente para enfrentar las adversidades de la vida que no se pueden evitar y que saben vivir en comunidad. Veo padres que les hace falta un compromiso en la formación de carácter de sus hijos. Padres de familia que ya se les olvidó que gracias a los límites  y responsabilidades que sus padres les pusieron dio como resultado gente responsable en su trabajo y comprometidos con una vida integra.
¿Quién detendrá esta bola de nieve que trae un mensaje de falta de compromiso, de que cada quien vive su vida como quiere? ¿Los maestros, la iglesia, nuestros gobernantes?
Dios tiene la respuesta:         “Escucha, pueblo mío, mi ley;
                                     Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
Abriré mi boca en proverbios;
Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,
Las cuales hemos oído y entendido;
Que nuestros padres nos las contaron.
No las encubriremos a sus hijos,
Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,
Y su potencia, y las maravillas que hizo.
El estableció testimonio en Jacob,
Y puso ley en Israel,
La cual mandó a nuestros padres
Que la notificasen a sus hijos;
Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;
Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,
A fin de que pongan en Dios su confianza,
Y no se olviden de las obras de Dios;
                                Que guarden sus mandamientos,”                       
Salmos 78:1-7

El deseo de mi corazón es que esta reflexión pueda movernos a cumplir el mandamiento que Dios nos ha dado, que toda nuestra familia sea la sal que necesita este mundo, que hagamos la diferencia como la lámpara que alumbra a la casa y que no se esconde  bajo una canasta. Que como mamá o papá tenga una conciencia tranquila al cumplir con mi tarea asignada de una manera íntegra delante de nuestro Padre Dios.
Que quede una convicción de que nuestros hijos no serán felices si no tienen en cuenta a Dios y sus límites. Que somos quién reflejamos la  persona Dios que  ven a través de nuestras acciones.
Elevo una oración a favor de nosotros como padres para que permitamos que Dios a través de su Espíritu Santo nos de la fuerza para cumplir este papel tan importante que tenemos. Que nuestro Señor Jesucristo interceda por nosotros porque separados de Él nada podemos hacer…y estoy segura que como el Padre perfecto que es Dios, responderá a esta plegaria…mi pregunta es ¿tú le responderás a Él?
En el amor inalterable de nuestro Señor Jesucristo,
Silvia Cordero A





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